12/08/2009

girl talk

Divertida la presentación de Girl Talk el sábado pasado. Divertida como sus trabajos Night Ripper y Feed the Animals, pero tampoco pasó mucho más de lo que hay en esos discos. Si te los pones seguidos en una fiesta casera con buena provisión etílica, hasta podría ponerse mejor.

Gregg Gillis hace mash-ups de canciones. Toma muestras del pop y rock del último medio siglo (los ochenta y los noventa son su fuerte) y las cubre con voces del hip-hop, en sets de menos de dos horas. A diferencia de lo que alguna vez hicieron DJ Shadow o The Avalanches, que retaban a los traumados de la música a averiguar de dónde había salido cada fragmento, lo que reúne Gillis lo identifica cualquiera inmediatamente. Es una sucesión de Grandes Hits fragmentados y cambiados de contexto.

Por buenas que sean las combinaciones, verlo dándole clicks a su laptop no es mucho espectáculo, así que en sus inicios se hacía acompañar de bailarinas. Ahora selecciona a parte de los asistentes para que se vuelvan locos en el escenario. También toma el micrófono y se para sobre su mesa de trabajo para arengar a los demás.

Las sorpresas surgen continuamente cuando escuchas los discos por primera vez, no en sus presentaciones. Los samples que usa son los mismos que ha elegido para los álbumes, más algunas novedades de temporada. No hay cambios de intensidad: la sesión arranca en lo alto, se mantiene ahí y termina de golpe. Además, es privilegio del mezclador desprejuiciado (que lo mismo toma de The Carpenters que de Metallica) armar sesiones maratónicas. Con tanta música popular como repertorio ¿por qué acabar pronto?

El público queda satisfecho. Es un torrente de meta-canciones para bodas y cumpleaños. Tiene que funcionar. Lo hace. Aunque se parezca mucho a poner sus discos en tu cumpleaños.

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