lunes, agosto 15, 2016

afasia o poesía

Donde mejor puede verse la función del código y el contexto es en el caso extremo de las patologías lingüísticas, bien sean naturales (es decir, biológicas) o artificiales (introducidas por vía cultural), esto es, afasia o poesía. Patologías que son tal respecto de la capacidad distanciante del lenguaje o, si se prefiere, que llevan al lenguaje otra vez a pie de tierra, perdiendo el nivel de alejamiento ganado en todo metalenguaje. Así, en ciertas formas de afasia, no poder decir "negro", sino "muerto", o en lugar de "cuchillo", emplear la expresión descriptiva "cortapan". ¿Qué sería de la poesía sin la posibilidad de romper a cada instante código y contexto?
Juan A. Nuño, Los mitos filosóficos.

viernes, agosto 12, 2016

mitos

Agata Pyzik es la autora de un libro sobre la cultura pop en Europa Oriental en el pasado siglo. Sobre eso y sobre los choques e intercambios entre Europa Oriental y Occidental. El libro se llama Poor but Sexy, pobre pero sexy, que fue el modo en que un alcalde de Berlín describió a su ciudad.

Poor but Sexy usa a algunas personas y creaciones como eje, y una de esas personas es David Bowie. Su paso por Europa Oriental y el interés que tenían los jóvenes de esa parte del mundo en él. Pyzik explica este interés con una creación concreta, recuperable, la película Christiane F. (Uli Edel, 1981), y con un mito, el del breve paseo de Bowie por Varsovia.

Quizá Bowie estuvo realmente en Varsovia, pero lo que interesa es cómo ese paseo se sigue contando y hasta se crean detalles sobre él, como qué tienda visitó el cantante y qué disco compró ahí, disco que es una presunta influencia del track “Warszawa”. Una versión resumida de esa historia puede verse en un video creado este año, Tracing David Bowie’s Footsteps through 1970s Warsaw.

La veracidad de esa historia es incomprobable e irrelevante. Es un mito que permite a Pyzik reunir otras historias, dispersas, del romance de Occidente con la estética del Bloque Soviético y del romance del Bloque Soviético con cierto tipo, y sólo cierto tipo, de cultura pop occidental. El mito es adecuado, cumple una función.

Algo parecido ocurre en el documental Montage of Heck (Brett Morgen, 2015). Este documental fue tachado de innecesario desde antes de su estreno, porque presuntamente ya había demasiados acerca de Kurt Cobain. Lo distintivo de Montage of Heck es que incluye dos cintas grabadas por Cobain y encontradas por el director: un collage sonoro y la voz de Kurt contando una historia de su adolescencia.

El director no sabía bien qué hacer con esa última grabación en el largometraje, así que decidió presentarla íntegra. Hisko Hulsing, contratado para realizar algunas animaciones en este documental, convenció al director de animar toda la narración de Cobain. Según Buzz Osborne, integrante de Melvins y amigo del documentado, todo lo dicho en esa grabación (y por consecuencia en la animación) se lo inventó Cobain. El animador Hulsing también intuye que se trata de un cuento.

Buzz detesta ese documental, lo considera una colección de patrañas sobre Kurt. Lo único que le gusta son las animaciones, de las que dice retratan muy bien lo deprimente que era Aberdeen en esos tiempos. Repasemos: considera el documental una serie de mentiras en la que lo único destacable es un quizá cuento, quizá recuerdo, contado por su amigo, convertido en un corto animado. Cuando Hulsing explicó en una conferencia TEDx cómo hizo la animación estuvo a punto de decir que había mitologizado con ella, pero se interrumpió a media palabra. Quizá porque “mito” suele tomarse como “mentira”. Era la palabra correcta, es un mito, que no mentira. Un relato que permite entender tan bien como una carretada de datos.

jueves, julio 28, 2016

9.

Sigamos con lo inútil.

Algunas polémicas de la Edad Media eran de burocracia liminar. Acusadores y acusados daban por sentado que la ronda (especialmente en torno a un árbol) y visitar un claro en el bosque eran juegos en frontera. Pijamada en la caseta de paso. Los juicios no ponían eso en duda: la discusión era sobre qué frontera cruzaba el juego. Todo el mundo sabe que si vas al árbol de las hadas, pasan cosas. El asunto era averiguar si ese día lo atendían las hadas o si lo tenían subarrendado. Vean cómo cayó Juana de Arco. Full disclosure: Johan Huizinga era fan fatal de Juana; en ese artículo se pasa páginas comentando el corte de cabello de la Doncella de Orleans.

El método seguido por los jueces de 1431 fue perfectamente científico, desde el punto de vista de la ciencia de su tiempo. En las obras de historia se les suele fustigar (como lo hace todavía Champion) por haber dado tanta importancia a aquellas inocentes diversiones infantiles de Juana en Domremy, cuando jugaba junto a la fuente y debajo de aquel árbol llamado el arbre des fées, en torno al cual se bailaba en corro ciñéndose las frentes con coronas. Pero las acusaciones de perfidia y de mala voluntad de que se les acusa, son injustas en este caso. Era éste, para ellos, un punto muy importante. Si lograba ponerse en claro a base de las declaraciones de Juana la existencia de un nexo entre sus "voces interiores" y las costumbres populares paganas asociadas a los árboles, podría darse punto menos que por probado el carácter diabólico de aquellas apariciones. De aquí las acuciosas preguntas de si Santa Catalina y Santa Margarita se le habían aparecido alguna vez debajo del árbol.
Johan Huizinga, "La santa de Bernard Shaw. El juicio de su tiempo". 

Para el siglo veinte la discusión era si Juana había tenido visiones canónicas o de fan fiction:

En otras palabras, ¿acaso la gente "vio" y "oyó" lo que esperaba ver y oír? Esta cuestión, u otra similar , surgió en un debate entre Andrew Lang y Anatole France con respecto a las visiones de Juana de Arco. France afirmaba que cuando Juana vio a San Miguel, vio al arcángel tradicional del arte religioso de su época, pero a mi entender Andrew Lang demostró que la imagen visionaria descrita por Juana no se parecía en lo más mínimo al concepto que se tenía de San Miguel en el siglo XV.
Arthur Machen, "El gran retorno".

miércoles, julio 13, 2016

the avalanches - wildflower

Since I Left You, publicado a fines de 2000, era de esos álbumes de los que se escuchan más cifras que apreciaciones, por la cantidad y la variedad de samples usados. Había pasado antes con Paul’s Boutique (1989) de Beastie Boys y pasaría después con Feed the Animals (2008) de Girl Talk, pero ese álbum de The Avalanches, combo australiano de DJs, era único en su especie.

Hecho de múltiples partes, tenía un estilo propio. Psicodelia disco, si hubiera que ponerle un nombre. Y el elemento unificador no era una voz: era sampleo puro, sin un solo sonido hecho para la ocasión. Y a diferencia de las referencias irónicas, del mashup cómico, su sonido funcionaba mejor entre menos buscaras las fuentes.

Hablábamos aquí, en meses anteriores, de la música que funciona como un concentrado de épocas. También de la canción sencillamente feliz como una rareza. Y parece que invocamos a The Avalanches, expertos en esos asuntos, y que habían retrasado durante quince años su segundo álbum.

De los integrantes originales quedan Robbie Chater y Tony Di Blasi, pero no habría modo de saberlo en base al sonido. Parece que cualquier muestra que tomes de The Avalanches puede regenerarse hasta sonar como al principio. En lo que hay diferencias es en la planeación. Esta vez hay voces invitadas. También usan arreglos de Jean-Michel Bernard (compositor para el cine de Michel Gondry y Wes Anderson), para unir las partes sin que se noten las costuras.

Como en Since I Left You, la música está dividida en tracks y algunos de estos tienen intención de sencillo (el más obvio y el primero ha sido “Frankie Sinatra”), pero funciona como una sola pieza, que sigue y sigue sin tener divisiones claras. Igual que en el debut, hay psicodelia, disco, soul, funk y diálogos de película. Lo único que han dejado fuera son los samples de Hi-NRG y el pop de sintetizadores.

Por la naturaleza del álbum, es difícil recomendar una selección de Wildflower. Quizá sí un bloque entero, el primer tercio, del inicio hasta el séptimo track, “Colours”, con lo que se tendría una idea clara de lo que Chater y Di Blasi pueden hacer hoy en día.

Más interesante es contrastar el álbum con lo que ha ocurrido en la música popular en estos últimos quince años. Con la atención y el respeto que recibió el debut de este grupo, esperaríamos que se notara por muchas partes su influencia. Y claro que nunca ha gustado tanto el alud de samples como ahora, y sin embargo es imposible escuchar un par de minutos de esto y engañarse con respecto a qué grupo lo hizo.

martes, julio 05, 2016

un carnero suelto en las estancias de la memoria

El libro The Art of Memory, escrito por Frances Yates, puede verse como una historia del "método de los lugares", el arte de la memoria artificial que se cultivó desde la antigua Grecia hasta el Renacimiento (y que ahora aparece ocasionalmente como atajo argumental en best-sellers y series). Por otro lado, The Art of Memory también puede verse como la historia de un par de apócrifos mal traducidos y los paseos de un carnero inmortal, con varias personas muy atentas a los testículos de este carnero.

El arte de la memoria artificial consiste en imaginar o recordar una serie de estancias, colocando personajes pintorescos y objetos simbólicos en esas estancias, de modo que estos personajes y objetos nos ayuden a recordar, a voluntad y en orden, una amplia cantidad de datos. En lugar de poner estos datos en una historia o acompañarlos con una tonada para recordarlos, se les daba un lugar y se retenía en la memoria ese lugar.

Durante la edad media, explica Yates, las principales fuentes para estudiar este arte de la memoria eran los libros llamados la Primera y Segunda Retóricas de Tulio. Tulio explicaba en la Primera Retórica que la memoria era parte de la virtud prudencia y en la Segunda Retórica explicaba el método de los lugares. Así, pensar en lugares imaginarios con objetos y seres imaginarios se tomó por una práctica piadosa. El problema es que estos dos libros no eran del mismo autor y no había tal Tulio. La Primera Retórica era en realidad "De inventione", que sí, había sido escrita por un Tulio: Marco Tulio Cicerón. La Segunda Retórica es un texto llamado Ad Herennium cuyo autor se desconoce.

Uno de los ejemplos clásicos de Ad Herennium consiste en recordar los elementos de una demanda legal con la imagen de un hombre cargando varios objetos. Entre ellos, los testículos de un carnero, pues en latín hay proximidad entre las palabras testículos y testigo y así se recordaría que el crimen tuvo testigos. En cuanto a por qué un carnero, Yates especula que se trata de una alusión al aries del zodiaco.

En los manuales de la edad media en esta escena se agregó a un médico, por un error de traducción. La frase "medico testiculos arietinos tenentem" significa que estos testículos están colgando del "digitus medicinalis", el cuarto dedo de la mano, pero los lectores escolásticos entendieron que había un médico sosteniendo los testículos de carnero.

Alberto Magno acabó de enredar el ejemplo en su De memoria et reminiscentia. De algún modo entendió que los lugares imaginados, que según las viejas reglas de este arte debían ser lugares tranquilos, además debían estar en penumbra. Y para no complicarse con quién sostenía los testículos, decidió que en ese ejemplo habría un carnero completo:

Si queremos recordar una demanda legal, podemos imaginar un carnero, con grandes cuernos y testículos, acercándose en la oscuridad. Los cuernos nos recordarán a nuestros adversarios y los testículos la presencia de testigos.
En este punto, Frances Yates decide que ya se ha ido demasiado lejos con lo del carnero.

¡Qué susto le da a uno este carnero! ¿Cómo se las arregló para escapar de la imagen de la demanda legal para correr peligrosamente por ahí en la oscuridad? ¿Y cómo la regla de imaginar lugares no muy oscuros ni muy iluminados se ha mezclado con la de imaginar lugares tranquilos, provocando esta mística oscuridad y retiro?

Y de ese modo unos testículos imaginados en el siglo I antes de Cristo se convirtieron en un carnero completo apareciéndose en las tinieblas a los estudiosos.