5/17/2019

lo peor de todo

Cada vez que se dice que una película es la peor encuentro esa afirmación arriesgada. Yo diría que tengo candidatos a lo peor, pero no podría asegurar que he visto esa sima.

Si nos estamos refiriendo a algo que no es interesante y además es de ejecución dudosa, mi candidato es cierto tipo de comedia ligera francesa. Tenían de protagonista a alguien famoso en Francia pero no famoso por hacer películas y tampoco famoso en el resto del mundo. Los guiones solían ser adaptaciones de cosas viejas o no muy populares.

Hay una con el cantante Julien Doré que tiene un título muy largo, de la que puedes ver fácilmente media hora sin entender el rumbo de la historia. Está basada en una comedia "a la italiana" de los años sesenta, pero quitando los excesos que tenían esas películas. Es como tomar una comedia romántica de Hollywood y encargar al guionista "me la haces moderna y que no parezca comedia romántica de Hollywood".

Puedo recordar ésa por lo raro del título. Con las demás de su clase ni el nombre recuerdo, pero debo haber visto unas veinte en la televisión de madrugada, o de relleno en festivales de cine. No responden a algún capricho de autor, pero tampoco a una necesidad de mercado. Parecen hechas por obligación, y quizá sí haya una obligación contractual que explique su existencia.

Una vez alguien compró los derechos del cómic Monsieur Jean para hacer una película con actores de TV. En su momento los autores de Jean mencionaron la película en una entrevista, luego no la mencionaron más y parece que hasta consiguieron desligarse de ella en la IMDB, donde aparece como una adaptación pero sin decir de qué. Veo el poster y me queda claro que es de este tipo de películas que pongo de candidatas a lo peor.

En cuestión de libros me extraña todavía más lo que es calificado como lo peor. A veces parece castigo por hacer relevante algo a lo que los críticos no prestaban atención. Los guardianes dan permiso de hacer fan fiction, poesía de instagram o romance sobrenatural porque son cosas que no les importan, pero si algo llega a ser noticia desde esos formatos le llaman "lo peor que se haya escrito". Difícilmente sería lo peor: los autores de esos best sellers sí tienen un editor que les dice "ese cuento que adoras y quieres convertir en capítulo, esa epifanía que tuviste en tus vacaciones y ese párrafo en el que el personaje valida tus prejuicios, nada de eso encaja en la novela y lo debes dejar fuera", ahorrándole al lector esa sensación común de "¿pues qué pasó en el último tercio de este libro?"

5/13/2019

una selección de synthpop

He usado Mixcloud principalmente para escuchar podcasts y sesiones de DJ, pero el año pasado por primera vez subí una selección de canciones. Algunas, como las de Ruth y Stereo, son de las más usadas en las sesiones de synthpop. Otras, como las de Apeiron y Virginia Astley, no encajan del todo en el género pero me pareció que tenían lugar aquí.

La de Karen Marks fue rescatada en dos de las mejores recopilaciones de los últimos años: Sky Girl (Efficient Tapes, 2016) y The Bedroom Tapes (Minimal Wave, 2018). A mediados de este mes Efficient Tapes publicará un EP con los cinco tracks que se conservan de Marks.

Escucha Murmujú 01.

5/08/2019

cuando las apariciones se equivocan de libro

Recuerdo muchas historias de terror por las ideas que guardan y los lugares que describen, pero no porque me hayan hecho sentir terror. Esto sí ha ocurrido con "Después" de Edith Wharton, y con varios cuentos de Machen, pero por lo general no ocurre. Creo que la historia que más me ha hecho sentir miedo era cuando mi madre contaba de una luz cegadora que aparecía en la casa de mi bisabuela. Habría que añadir que de niño yo sabía que la bisabuela se quitaba el pelo y los dientes antes de dormir y eso me predisponía a creer cualquier cosa fantástica sobre su casa.

Un caso aparte es cuando aparece el terror sobrenatural en un libro donde uno no espera que ocurra. Eso deja una sensación muy extraña, como si se hubieran colado páginas de un libro distinto o como si el autor se hubiera propuesto poner una trampa. Aquí mencionaré tres casos en los que eso ha ocurrido.

La tierra de los abetos puntiagudos. En su tiempo este libro de Sarah Orne Jewett inició una moda de escribir sobre aldeas tranquilas y gente sencilla. Esta novela se publicó en 1896 y trata de una mujer que visita un pueblo de pescadores. Todo es tranquilidad y tacitas de té hasta que un viejo capitán platica de la vez que visitó una isla de fantasmas.

Dice que eran hombres de niebla y que, luego de observarlos por varios días, esas figuras desplegaron su niebla en forma de alas y volaron para perseguirlos a él y a su tripulación.

Pasado ese capítulo los personajes vuelven a su vida sencilla, como si no hubieran descubierto que en este mundo hay hombres de niebla llegados del más allá.
...al llegar a la orilla distinguieron como formas de personas, pero nunca pudieron acercarse a ellas; figuras de bruma gris que caminaban solitarias o a veces formaban grupos como si los estuvieran observando. Al principio los hombres estaban asustados, pero las figuras nunca se aproximaron a ellos, parecían desvanecerse con el viento... El responsable de la primera guardia de la mañana dio la voz de alarma y se echaron todos al mar a bordo del bote. Aquellos hombres, o lo que fueran, se habían lanzado sobre ellos como una bandada de murciélagos. De repente se alzaron innumerables ejércitos y los atacaron como si quisieran echarlos de vuelta al mar. Se apelotonaron en la orilla como un funesto frente de guerra, sin intención de huir ni desistir de la batalla. A veces atacaban desde el suelo y otras se elevaban sobre sus poderosas alas y atormentaban el aire. Gaffett me aseguró que, cuando consiguieron poner el bote a salvo, miraron hacia atrás y vieron de nuevo el poblado, en el mismo sitio e igual que lo habían visto cuando llegaron. A pesar de lo que pueda pensar usted, todos creyeron que aquel era una especie de lugar de espera entre este mundo y el siguiente.
La excursión. Gerald Durrell escribió muchos cuentos en los que recuerda las aventuras de su familia en Grecia. Estos cuentos siguen siendo populares y recientemente se hizo una serie basada en ellos, Los Durrell.

La excursión era parte de una colección para niños, y después de dos historias sobre los Durrell en Grecia termina con un cuento llamado "La entrada", donde hay un muerto viviente que tiene dedos como tentáculos y se aparece en los espejos.

Este libro debió sorprender mucho a las familias que lo regalaron a sus niños.
De repente se me heló la sangre en las venas, pues me di cuenta de lo que eran. No eran orugas, sino dedos de un amarillo desvaído rematados con largas uñas negras y curvadas, como gigantescas espinas deformes de rosal. En el preciso momento en que advertí esto apareció la mano entera, que palpaba flojamente la alfombra mientras avanzaba. Era la mano de un esqueleto, cubierta de amarillenta piel apergaminada de la que sobresalían como nueces nudillos y articulaciones. Buscó a tientas por la alfombra, mostrando la descarnada muñeca de la que brotaban los dedos como tentáculos de alguna extraña anémona marina, una anémona surgida de las profundidades en cuya perpetua oscuridad se había vuelto pálida. Luego se retiró lentamente tras la puerta. Me estremecí al pensar qué clase de cuerpo iría unido a aquella horrible mano. Esperé durante cosa de un cuarto de hora, espantado de que pudiera aparecer de repente tras la puerta del espejo, pero no sucedió nada.
Cristina, hija de Lavrans. La escribió Sigrid Undset, ganadora del Premio Nobel, y es considerada una de las mejores novelas históricas. En la mayoría de sus páginas se habla de cosechas, fiestas y amores, hasta que cuentan la historia del cura que conoce a una criatura cegatona y de piel pálida que vive bajo una roca marina.

Al ver a esta criatura tan desvalida el cura se apiada de ella y aprende que todos merecen amor. Mientras tanto el lector se pregunta "¿qué hace Gollum en esta novela histórica?"
¿Recuerdas, Cristina, aquella mañana en que te vi por primera vez en la escalera de la iglesia de Hamar? Cuando estuve en el extranjero oí, un día, contar una leyenda sobre un fraile que no podía creer que Dios nos amara a todos nosotros, miserables pecadores. Bajó un ángel que le tocó los ojos y le hizo ver una piedra en el fondo del mar; y bajo esta piedra vivía un animal ciego, blanco y desnudo; y el fraile lo miró hasta que se encariñó con él porque era tan pequeño y desvalido. Cuando te vi tan pequeña y tan frágil en la gran casa de piedra, pensé que era justo que Dios amara a los seres como tú; eras hermosa y pura, y, no obstante, tenías necesidad de ayuda y de protección. Me pareció que la iglesia entera, y tú con ella, estaba en la mano de Dios.

5/03/2019

martel y la edad de oro

Algunas de las críticas que recibió Lucrecia Martel por su opinión sobre las series venían de las tripas, expulsadas antes de leer completa esa opinión (o incluso sin leerla). Se puso de moda preguntarle a Martel en cada entrevista por las series y ella reiteró lo que ya estaba claro desde la primera vez que habló al respecto: que con las mejoras técnicas a ese formato también llegó un conservadurismo.

Desde que se empezó a hablar de una "edad de oro" de las series la cosa ya llevaba truco. De entrada era algo que sólo podía enunciarse en un mundo alterno, uno donde no hubieran existido los dramas de la BBC de los años sesenta a los ochenta, ni el paso de Fassbinder por televisión y tantas otras cosas. Junto con el conservadurismo que señalaba Martel, la dictadura del argumento, otros señalan ahora un conservadurismo en toda regla.

Esos productores usaron de focus group a tu papá, y tu papá les dijo "quiero proyectarme en el protagonista, y que diga puras cosas matonas, y que la cuenten derechito, sin cosas raras". Y claro que luego tu papá decidió que el resultado era una edad de oro.

5/02/2019

otra cosa

Aunque sólo sea por atavismo, por semejanzas familiares, es inevitable que el tío sermoneador tenga aproximadamente los mismos defectos que el sobrino al que le han dado la misión de amonestar. Y lo hace sin ninguna hipocresía, porque le engaña esa facultad que los hombres tienen de creer, en cada nueva circunstancia, que se trata de "otra cosa", facultad que les permite adoptar errores artísticos, políticos, etc., sin darse cuenta de que son los mismos que, hace diez años, tuvieron ellos por verdades a propósito de otra escuela de pintura que condenaban, de otra cuestión política que se creían en el deber de odiar, de la que han renegado y a la que luego se adhieren sin reconocerla bajo un nuevo disfraz.
Marcel Proust, Sodoma y Gomorra.
© murmujú
Maira Gall