4/14/2012

las otras mesas

Hace 6 ó 7 años Gabriel Zaid escribía frecuentemente a favor del precio único para los libros. A mí el tema me daba urticaria. Lo que proponía era bueno para meter orden en un mercado desmadrado, y benéfico para la mayoría. No para mí.

Es raro que busque un libro recién salido de la editorial. La última vez que hice eso en muchos años fue con Milagros de vida, de Ballard (nota: es tremendo). Aparte de las librerías de viejo y las descargas gratuitas, mis proveedores son esas otras mesas que tienen en las librerías especializadas. Me explico. En la Libería Monterrey, que se dedica a los libros de texto y los de esoterismo, hay una mesa con Breviarios del FCE y títulos de Sexto Piso a la mitad o una tercera parte de su precio normal. En una de las Paulinas, dedicadas a textos católicos, hay un estante de filosofía publicada por Gredos y Trotta que en otras partes no se encuentra y cuesta la mitad de lo que cuesta en la FIL. En la Vesalius, cercana a la facultad de medicina y especializada en esa área, hay libros de nutrición que cuestan la mitad de su precio en Gandhi (eso lo descubrí buscando cosas para el trabajo, y es así, tal cual).

La medida del precio único supone que las grandes cadenas ofrecen descuentos con los que no pueden competir los libreros independientes. Mi experiencia en los sitios que mencioné es la opuesta. Claro que son excepciones y los reglamentos no se hacen en base a casos aislados, minoritarios. En lo que respecta a la compra de libros soy un inmigrante, judeo-islámico, gay, gitano y vegano y nadie hace caso a mis quejas. Me quejaba entonces de los artículos de Zaid porque recomendaban algo que no me beneficiaba a mí.

Hace poco encontré en la mencionada Librería Monterrey Los demasiados libros, el libro demasiados más uno que escribió Zaid. Es una primera edición, así que cae dentro de lo que el libro describe como el peor escenario para un libro: quedarse más de diez años embodegado. Tiene unas 150 páginas, no tiene desperdicio y posee una claridad que da miedo. Y describe muchas prácticas de adquisición de libros que no tienen nada qué ver con cómo los adquiero yo. Ese es problema mío.

Cuando leía aquellos artículos de Zaid sobre el precio único pensaba que el hombre llevaba mucho tiempo sin ir a los mostradores de las librerías, encargando cosas encerrado en su oficina. Sea eso cierto o no, es curioso que su héroe-librero es un garbanzo de a libra que ocurrió en estas mismas calles:

Un librero admirable de Monterrey, a mediados de siglo, hizo obra cultural y prosperó con un método imposible. Revisaba los catálogos con los ojos de cada uno de sus clientes. Sabía qué libro le iba a interesar a quién, y apostaba con una puntería casi infalible. Compraba el libro equis par el lector zeta, y cuando éste llegaba y se ponía a ver las novedades, hacía el descubrimiento feliz: un libro que le interesaba y se llevaba. Naturalmente, si el encuentro no se producía, el libro se quedaba ahí diez o quince años. De hecho, Alfredo Gracia funcionaba como una especie de agente de compras, por su cuenta y riesgo, para un conjunto de lectores. En vez de comprar por encargo de ellos, adivinaba sus deseos.

2 comentarios:

Clauricaune dijo...

¿Dónde está la de las Paulinas? Gredos y Trotta a mitad de precio suena de pelos.

La comunidad intelectual/humanista tiende a querer exorcizar todo lo que se relaciona a una industria que hace dinero. Que los libros y la cultura tengan precio es un sacrilegio para muchos. No lo sé, quizás si dejaran de ver al dinero de esa forma, no serían tan pobres.

Nicolas Diaz dijo...

Ya revisé y es San Ignacio, está en la esquina de Washington con Villagomez (al lado de la Alameda).