7/04/2005

bingo

Pues no me fui de campamento. Se me quitó el sentimiento de culpa cuando me enteré que tampoco ellas habían ido. El caso es que para las ocho de la mañana del sábado, cuando debería estar preparando mochila y provisiones, estaba almorzando barbacoa con tequila con José Manuel Aguilera, el Otaola y su tropa en la casa de sabrá-Dios-quién. Todo empezó cuando pasé antes del concierto por el bar donde trabaja Velia, para preguntarle si ocuparía ayuda con su mudanza, y me dijo que los de La Barranca llegarían ahí luego del concierto. Así que allá fui luego del concierto (para detalles de éste, que estuvo altamente chido, chequen el próximo número de SN) y unas horas después ya estaba en esa casa, sin tener ni idea de en qué parte de la ciudad andaba.

José Manuel se veía mortalmente cansado (encima su avión a las 11 de la mañana), pero soportaba de buena gana el acoso del sector femenino del lugar. Se había pasado la noche canturreando esa canción de Gianluca Grignani (sí, esa), y en algún momento le pasaron una guitarra y ya se la aventó completa. El único momento en que platicamos fue cuando estábamos taqueando la barbacoa ("está buena esta madre") y quise confirmar si había sido él quien cantó "Oración Caribe" con Steven Brown aquella noche de 1994 (eso fue antes de La Barranca, entonces yo no lo había oído ni visto nunca). "Sí, si yo me acordaba que ya había tocado entonces en Monterrey. No supe ni quién nos invitó a ese lugar, pero ahí andaba con Steven". Como las chicas dejaron libre a Otaola fue con él con quien la raza estuvo tequileando casi toda la noche. Ya encarrerado se puso a hacer trizas (pero con conocimiento de causa) a la plana mayor del rock chilango. Buen tipo.

Cuando vi que ya caía de sueño me despedí y salí buscando una avenida para tomar un taxi. Seguía sin tener idea de dónde estaba. Caminé media cuadra y en la esquina encontré La Famosa, el negocio de jugos y frutas donde el Sr. Sensato y un servidor éramos clientes asiduos cuando teníamos como 18 años. No éramos naturistas, nos gustaba Montse, la cajera. Bueno, también los jugos estaban bastante bien.

Al llegar casa dormí como tronco y no me levanté hasta las cuatro.

...

Me levanté sin ganas de hacer nada. Para cuando ya había registrado mentalmente cada manchita del techo decidí que era hora de hacer algo con el aspecto desastroso que tenía. Busqué un lugar donde comer. Ya en la fonda, el tipo sentado frente a mi leía la nota roja: "Le gustó el museo para suicidarse" decía el encabezado. De ahí fui a cortarme el pelo (en esa peluquería que está donde se cruzan las calles nombradas con los apellidos de la Srita. de Large) y ya trasquilado volví a vegetar a casa. Llegó un menseaje de Miss Holly: "¿Qué vas a hacer al rato?". Cuando contestó mi llamada se notaba que estaba en un lugar bastante ruidoso.

-¿Pues dónde anda señorita?
-En una despedida.
-O sea que estás viendo caballeros desnudos.
-No, es mixta, no hay nada de eso.

Aclarado el punto pasé a su casa, fuimos por café helado (Miss Golightly no bebe cerveza y casi no fuma; me hace sentir un vago) y más noche tratamos de pescar la última película en los cines de Plaza Real. Como sólo quedaba una función de La guerra de los mundos volvimos a la calle a buscar qué hacer. Y así fue como nos metimos a apostar al Caliente por primera vez.

Nos quedamos en la sala de bingo. Holly empezó a reírse cuando tomamos asiento: "¿Es ésa la Nena Delgado?" Sí era, y mientras todo mundo se emocionaba mirando los tableros y marcando números la tipa mantuvo la misma expresión de padecer un aburrimiento sobrehumano el resto de la noche.

Nosotros compartíamos mesa con una señora que iba con tres chicos. Eran su sobrino y dos amigos: los habían dejado plantados para una fiesta y mejor se los trajo para iniciarlos en el noble arte del azar. Cuando uno de los chicos se ganó la tabla completa (cinco mil pesos) le dijo a sus compinches "¡sobres, de aquí al table!". La tía puso cara de quizá no haber hecho lo mejor para los muchachos.

Para la una de la mañana ya estábamos rumbo al centro. La cosa era adictiva y no ganamos nada, pero da ese gusto de meterse donde no pensaste que acabarías el día.

...

Es lunes y ya no tengo biblioteca. La compu está instalada en un rincón de un cuarto vacío y sólo tendrá red un rato más. Pero me van a prestar otra, sin red, para que pueda redactar un manual de procesos de la biblioteca. Emoción en estado puro, oh sí.

4 comentarios:

sux dijo...

Tacos! Tequila! Aguilera! You're going to be SO VERY DEAD when I go back to Mty.

Miss Golightly dijo...

Sí... era la Nena Delgado con expresión de "parabajez", jaja...

Rob Gordon dijo...

Pos ya veo que andabas bien acompañado el sabado en la mañana, mano jejeje. Pero bueno, de eso se trataba, no??

chido machin!!

Anónimo dijo...

hola jack :P

me encantan tus travesías :)