8/13/2007

tony wilson (1950 - 2007)


Como Dylan tomando la guitarra eléctrica en Newport, o los primeros agarrones entre sound systems en Jamaica, lo que pasó en Manchester a fines de los setenta (y de manera atenuada durante la siguiente década) fue decisivo para la historia de la música popular. El rock tuvo ahí y entonces un renacimiento: la refundición de todo su pasado en el post-punk, el gran semillero de los subgéneros por venir. Uno de los principales promotores de esa escena fue Tony Wilson, quien falleció el pasado viernes.

Para los padres de familia de Manchester era sólo un conductor televisivo. Para sus hijos, el tipo que desenterraba a los grupos más arriesgados y les daba una disquera sin contratos (Factory Records), un escenario (The Hacienda) y espacios en la televisión.

La suya fue una historia grande para el rock, pero no para su cuenta de ahorros. Ian Curtis, el cantante de Joy Division (la gran joya de Factory), se ahorcó en vísperas de la gira por Estados Unidos que hubiera llevado al grupo al reconocimiento masivo. Los sobrevivientes del grupo se transformaron en New Order, impecable cruce entre el rock y la música de baile que conoció el éxito en las listas y entre la crítica, pero que en la cúspide de su carrera dejó a Tony esperando durante tres años para editar un nuevo disco. Lo de los Happy Mondays fue un asunto aparte: patrocinar cualquier proyecto de Shaun Ryder era un suicidio financiero. Para rematar, el famoso club fundado por Wilson, The Hacienda, siempre estaba abarrotado pero los clientes lo dejaban sin ganancias porque preferían meterse éxtasis a comprarle alcohol.

La mejor introducción a su vida y obra es la película 24 Hour Party People (Michael Winterbottom, 2002), retrato de la escena mancuniana en el que se narran momentos trágicos y desencuentros violentos con aire de comedia, sin que por ello el mito pierda lustre. Tony Wilson tendría después un pequeño papel en A Cock and Bull Story, la adaptación de Tristram Shandy filmada por Winterbottom, donde él y Steve Coogan (el comediante que hacía de Wilson en 24 Hour Party People) se interpretan a sí mismos. La última gran empresa de Tony también estuvo relacionada con el cine: coprodujo Control, la biopic sobre Ian Curtis que Anton Corbijn presentó en el último festival de Cannes. Los avances de Control disponibles en YouTube no son muy alentadores, pero tampoco sería la primera película recomendable con un trailer desafortunado.

Wilson lidiaba contra un cáncer de riñón desde el año anterior, por lo que fue operado y recibió quimioterapia, sin conseguir que su estado mejorara. Finalmente, fue un ataque al corazón lo que lo venció, la tarde del 10 de agosto. De acuerdo a las declaraciones que hizo poco antes de morir, no se sentía satisfecho con sus logros y seguía planeando nuevos proyectos. No alcanzó a ver el estreno comercial de Control, ni la versión ampliada del festival In The City (el “South by Southwest británico”, organizado por él y su compañera).


PD. Si no hubiera muerto Tony Wilson hoy estaría hablando sobre la tocada de las Ninetynine en Monterrey. Ocurrió el sábado y hasta el momento es mi segundo concierto favorito de este año, sólo por debajo de The Whitest Boy Alive.

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Maira Gall