6/25/2007

por los caminos del suv

No me había percatado de la omnipresencia del SUV (“vehículo deportivo-utilitario”) hasta que el año pasado vi un capítulo de 30 Rock, la serie de comedia donde fue a parar buena parte del Saturday Night Live de los noventa. Todos los chistes de ese episodio giraban alrededor del SUV que Tina Fey tuvo prestado durante algunos días, y cómo éste había cambiado su actitud, hasta convertirla en toda una SUV Driving Mom: ciega a la presencia de los demás conductores, convencida de que todos debían abrirle paso a su mamut de cuatro ruedas y dispuesta a conducir hasta para ir a la esquina.

Con omnipresencia de los SUVs no quiero decir que todo mundo tenga uno o esté planeando hacerse de uno. Por el contrario, esos vehículos tienen un precio prohibitivo y su consumo de gasolina es para hacer palidecer a un monedero promedio. Es sólo que, como decía una campaña de otro automóvil, todo el mundo tiene uno en la cabeza: los tripulan los hip-hoperos en sus videos, también los héroes de las películas veraniegas y los jóvenes en anuncios que no venden automóviles.

En México su sex appeal no ha enganchado del todo, pues se les asocia primero (al menos a la Hummer) con el paso de narcos que reconocen sus territorios o acuden a alguna reunión. Para el resto del Occidente civilizado, donde no llega la fama de los devotos de Malverde, la Hummer es un éxito. Y un encarnación del mal para muchos editorialistas, ecologistas y saboteadores de publicidad. El encono comenzó hace cuatro años, cuando se aprobó una ley que permitía a los dueños de negocios de los EU deducir hasta 100,000 dólares de impuestos gracias a la compra de vehículos pesados.

Como la ley que coincidió con el control de un buen pedazo de Medio Oriente por parte de los marines, los grupos críticos de las Hummers atribuyen a la Casa Blanca un razonamiento de este talante: como tenemos un excedente petrolero procedente de territorio controlado, pero no suficientes vehículos para venderlo como gasolina, habrá que hacer atractivos los coches que consumen más gasolina. Si la ley nació de un razonamiento así, entonces la Casa Blanca me recuerda al hermano mayor de Malcolm (In the Middle), tratando de matar una hormiga que subía por su brazo dirigiéndole rayos solares con una lupa.

Dejando de lado connotaciones políticas, ecologistas o paranoicas, las razones por las que hoy tengo un Hummer en la cabeza (que es el único sitio donde la tendré) son su estética y su pasado. Como todo coche costoso (y que hace evidente su costo), son un indicador de estatus, ahí no hay secreto alguno. Pero tradicionalmente los coches voluminosos anunciaban una solvencia proveedora, la de un padre de familia exitoso, no la de un aspirante a estrella o galán ligador. Para éstos últimos, tenidos (consciente o inconscientemente) por héroes del mundo actual, lo ideal era un coche deportivo.

La inutilidad de un bien es una forma de lujo antigua y venerada: los mandarines se dejaban crecer monstruosamente las uñas para demostrar que no necesitaban usar sus manos. Así, a los coches deportivos, además de diseño italiano, se los dotaba de un potente motor, a pesar de que no existieran calles en este mundo, fuera de Mónaco, donde estuviera permitido correr a las velocidades que podía alcanzar el vehículo. Y algunos modelos deportivos eran de dos plazas, anunciando que a pesar de su alto costo no tenían ningún valor utilitario, eran instrumentos de placer puro, un credo no muy diferente al que practicaban los personajes de Ballard en Crash.

La forma, capacidades e inutilidades de un deportivo representan juventud, belleza, velocidad y despreocupación. La Hummer se utilizó para recorrer un Irak devastado tras la operación Tormenta del Desierto: no es bella ni veloz, es segura. "Un búnker con soportes para bebidas", como lo llamó Mark Dery en una entrada de su blog. Midiéndolo con los valores estéticos y mediáticos del siglo anterior, un SUV es imponente y casi indestructible (la resistencia iraquí ya demostró que no lo son), pero no cool. Es para papi, no para los niños, deseosos de quemar llanta al dar vuelta y hacer rugir el estéreo mientras van a recoger a una chica. Cuando el SUV dejó de ser el vehículo para recoger a los niños en la escuela y devino nave para héroes de la MTV cambió el imaginario colectivo. Ahora lo cool es la seguridad propia, incluso por encima de la de los demás.

Ya era bastante que los nacidos de los años setenta para acá no hubiéramos conocido el mundo donde se podía fornicar a placer porque la penicilina lo curaba casi todo. Ahora además nos toca una época donde el vehículo de moda es un búnker sobre ruedas. Y esto no es así porque de golpe los jóvenes despreocupados del mundo hayan tomado conciencia del valor de su vida y su seguridad, sino porque nunca se había temido tanto a los otros.

Para lostubos.com, 25 de junio de 2007.

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