2/17/2005

morla

Como la vetusta Morla, Cardona ya sabía todo.

Si no la conocen, puedo decirles que es una maestra bajita, de lentes, que debería haberse jubilado hace unos diez o quince años y sigue en la facultad. Conduce uno de esos trasatlánticos en cuatro ruedas que estaban de moda en los setenta, se está quedando sorda y a veces se le olvida que tiene que dar clase y llega una hora tarde. Su presencia en la facultad es más bien como la de Nick Casi Decapitado en Hogwarths.

En la primavera de 2001, junto al salón donde Cardona nos daba clase estaba un grupo de Pedagogía. Una tarde llegaron los representantes de -inserte aquí nombre de megafusión de empresotas regiomontanas- a hablar con las chicas (porque resulta que Pedagogía es carrera para chicas; ningún machín regio cometería el desliz de estudiar semejante puñalada). Juntaron a todos los salones de Pedagogía en el auditorio y les dieron una conferencia sobre una nuevo campo ocupacional para pedagogos.

Cuando terminó nuestra clase Cardona fue a buscar a las futuras pedagogas para averiguar cuál era la mentada promesa ocupacional. Nos lo contó con estas palabras: "a estas muchachas les dijeron que las podían contratar como lavadoras de cerebros de empleados, y a ellas les pareció maravillosa la idea". Con tanto borlote en la carrera de Filosofía no había reparado en lo que sucede con las otras de la facultad: una de las nuevas acentuaciones de pedagogía será Recursos Humanos. Scary.

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