3/21/2005

fanny

En la adolescencia, las películas se volvían míticas cuando las pescaba de madrugada, sin saber sus títulos, y luego no podía volver a saber de ellas por ningún medio. En la infancia, eran las que esperaba junto con mamá y luego me queda dormido sin ver la última mitad, así que ella me las contaba a la mañana siguiente. En esa categoría estuvieron Cuatro moscas sobre el terciopelo gris, Enemigo Mío (aunque ahora se retracte, a la que le gustaban las de terror y CF era a ella y me lo pegó) y, especialmente, Fanny y Alexander.

La pasaron muy noche, en Imevisión, dividida en dos partes en dos días seguidos. Entonces era raro que una película reciente llegara a la tv, así que la anunciaron con bombo y platillo y ahí estábamos esperándola desde una hora antes. Claro que los dos días me quedé dormido y mamá me la contó mientras desayunaba para ir a la escuela. Tenía muchos de los detalles que apreciaba entonces y sigo apreciando ahora, mundos particulares, áticos, antigüedades, disfraces y marionetas. Sigo sin verla.

La tenían en venta en Gandhi la semana pasada, pero estaba algo cara y preferí The Sweet Hereafter (hasta ahora descubrí que una de las canciones que canta Sarah Polley es de Jane Siberry). Este fin de semana los Sres. Oportuno y Magnánimo rentaron Fanny y Alexander. La veremos mañana.

Pasan de las cuatro y me estoy aguantando para no ponerla de una vez. Mejor me voy a dormir. Se siente bien rico cuando una película todavía puede causarte tanta expectación.

pd. esta semana no estaré conectado a la red, recibo mensajes en el teléfono. inesperadamente me dieron toda la semana libre en el trabajo.

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