9/20/2004

sueño

Dormí dos horas. Desperté a causa de un sueño y no pude volver a dormir.

Casa de mi abuela, de noche. En la sala hay una computadora cuyo CPU puede partirse en dos y cada mitad funciona como vehículo volador. Me explico: yo era capaz de reducir mi estatura a unos cuantos centímetros y entrar en ese vehículo. Luego de volar por cada cuarto de la casa regreso a la sala. Noto que el tipo que tomó la otra mitad no ha regresado y comienzo a buscarlo desesperado. En eso suena el teléfono, es mi tía E que pregunta por qué le he estado llamando. Le digo que yo nunca le he llamado, pero ella igual se pone a explicarme algunos de los casos que ha estado atendiendo (en la vida real trabaja como maestra, en el sueño era psicóloga). Dejo de buscar la otra mitad del CPU volador y me acerco a un archivero, sin soltar el teléfono, y trato de comparar los casos que me describe con los documentos archivados, pero ningún nombre corresponde. Además de la incomodidad de no poder comprobar los casos, no tengo claro si trabajo con ella o soy otro de sus pacientes.

No noté la transición de sueño a vigilia. Simplemente ya no soñaba, sino que estaba despierto y seguía pensando en el asunto.

¿De dónde viene cada cosa? La computadora es la que acaba de comprar el Hurón. Los objetos voladores pequeños son típicos de los sueños donde aparece la casa de mi abuela (no pregunten). La noche del jueves un tipo contó que su teléfono marca aleatoriamente números archivados en su registro de llamadas (luego sus amigos le devolvían la llamada y el tenía que reconocer que no les había marcado). La última parte viene de una conversación del sábado por la tarde: "Hemos aprendido a salir a la calle con esa sensación permanente de incomodidad, de ansiedad. ¿Pero te das cuenta de que los demás no la tienen? ¿deberíamos recibir atención? ¿para qué?".

Hice de todo esperando volver a dormirme. Hasta agarré un catálogo de Taschen que tengo desde el año pasada y ahora sí encontre a Faulpelz (uno de los editores, cuya foto aparece en alguna parte de cada catálogo y si la encuentras puedes participar en un concurso). El tipo estaba en la página 70, junto a varios arquitectos soviéticos. Claro que el concurso ya pasó. También retomé la lectura de Atonemet (adivinen cuál es el libro favorito de Briony).

5 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Ya ves lo que te pasa por fumar Camellos? Luego andas soñando macuarradas. Mejor consíguete unos Lucky Strikes a ver si así tienes pesadillas. Me conduelo por tu vigilia. Supongo que Merlina estará halagada de que la hayas soñado.

Sr. Magnánimo

Nicolás dijo...
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Nicolás dijo...

Je, la única vez que compré luckies (porque me gustaba la cajita) ya no sabía cómo acabármelos. Ah,porque me los acabe, faltaba más.

Es la segunda vez en la semana que me hablan de luckies. Val dice que Corso es el único héroe del cine al que se le rompen los cigarros (lucky strike, sin filtro), los demás siempre los traen intactos aunque vengan huyendo de la Gestapo.

Anónimo dijo...

Sólo una precisión histórica: la primera vez que compraste luckies no te los acabaste fumándolos, sino que los echaste a la basura, porque sólo querías la cajita.

Me acuerdo porque fue en MI basura.

Claro que eso tampoco dice mucho a favor de tu gusto por esa marca de cigarros.

R

Nicolás dijo...

Neeeta!!!

Era cuando todavía no sabía que se prendían y se fumaban :)

Y esa caja todavía la tengo, guarda unas bellotas que me dio el Hurón.

Bueno, pero no le gana a la primer cajetilla compró el Sr. Sensato, que por ser la primera nunca se la fumó (unos Benson del 93, cerrados e intactos).