10/30/2007

mucha música, poca mezcla

1. A mediados de los noventa MTV Latino tenía un solo canal, pero en el había programas dedicados a géneros tan variados como el metal, la IDM (¡Pan Sonic y Autechre salían en MTV!) y el punchis punchis trotón. Ahora tiene una familia de canales hermanos, pero en ninguno de ellos aparecen videos de esos géneros. Con este recorte en su horizonte de músicas no inauguró una tendencia, sencillamente se acopló a la tendencia general: en tiempos de descargas mp3, fanzines electrónicos y podcasts los seguidores de géneros minoritarios pueden buscarse su ración de música por su cuenta. No sólo pasa en MTV: en el show de Jools Holland (otrora una finura de programa) que vi hace unos días los invitados eran Black Eyed Peas y Foo Fighters.

No tiene caso ganar la atención de cada escena, de tantas escenas musicales. La única apuesta segura es dedicarse a los éxitos, ese subconjunto donde todos los demás conjuntos pop se intersectan. Lo mismo ocurrió en las revistas. La Biblia internacional del indie está en internet, en Pitchfork Media o Stylus Magazine, no esperen encontrar algo parecido en los puestos de revistas. The Wire y Rockdelux son garbanzos de a libra. NME, Les Inrockuptibles y Rolling Stone hace mucho que cedieron al espíritu de los tiempos.

Cuando las opciones a las que se tiene acceso son demasiadas, los canales mayoritarios no pueden y, estrictamente hablando, no tendrían por qué intentar abarcarlas todas.

2. La semana pasada el columnista Sasha Frere-Jones publicó en The New Yorker su juicio sobre la música indie en los últimos quince años.

Cuando los músicos negros tenían un éxito restringido, los chicos blancos adoptaban a placer elementos de su música, pero en el mundo posterior a The Chronic de Dr. Dre (1992) las reglas son diferentes. Cuando el intérprete de hip-hop comienza a recibir la misma o más atención que el rockstar, el rockstar comienza a cuidarse de adoptar poses y estilos de aquel. Led Zeppelin tomaba lo que quería del bluesman Willie Dixon, y Dylan bebió hasta la embriaguez de la Anthology of American Folk Music. Ahora Devendra Banhart afirmar admirar a R. Kelly, pero no encontramos ni rastro de Kelly en su música. A comienzos de los ochenta The Clash miraba hacia el dub y el funk, ahora Arcade Fire interpreta cóvers de The Clash, pero no mira ni por asomo a las fuentes de The Clash.

A la primera leída me pareció que Frere-Jones extrapolaba casos aislados para postular que el indie se estaba encerrando en sí mismo. Pensé que, sin ir tan lejos, en los noventa había surgido un maestro del crossover como DJ Shadow. Entonces recordé que hasta él había terminado tomando partido: en The Outsider se repliega totalmente en el hyphy de la Costa Oeste, puesto en la encrucijada tomó la peculiar elección de quedarse con la música negra, pero igual escogió. Actualmente, los discos de TV on the Radio y The Go Team desdicen la hipótesis de Frere-Jones, pero no son abanderados de ningún subgénero, van por la suya al margen de los demás.

Cuando las opciones a las que se tiene acceso son demasiadas, el resultado no es necesariamente el mestizaje, también podríamos acabar en un montón de ghettos con códigos bien delimitados. Sigo sin estar convencido de este argumento, pero creo que Frere-Jones ha dado un buen tiro.

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