slapstick

Nicolás se prepara para bajar las escaleras de la Gandhi. Lleva en cada mano una bolsa amarilla repleta de volúmenes de cocina y administración. Obviamente, ha venido a comprar libros para la biblioteca, el pobre imbécil jamás podría permitirse una compra de ese tamaño de los libros que a él le gustan. De hecho, nunca podrá permitirse mucho de lo que realmente quiere. Cue to "Please, Please, Please, Let Me Get What I Want" by Morrissey. Pero no se lo digan, sus esfuerzos son lo único moderadamente divertido de esta serie.

Él todavía no lo sabe, pero la tarjeta con el RFC del instituto la tenía en la bolsa de la camisa, no tenía que pasar por el trámite del empleado buscando sus datos en la computadora. Tampoco sabe que un libro lo dejó en un sillón. Y al llegar tomó una canasta de compras y sin notarlo se trajó las otras tres que estaban embonadas debajo. Cuando lo notó le dio pena llevarlas a la entrada de nuevo y las dejó caer en un pasillo, haciendo bastante ruido. Corrijo lo de "moderadamente divertido", este tipo me mata, es mejor que Mr. Bean.

¿Pero qué hace? Oh, se pone bueno. Suena su móvil, ese que tiene el timbre más jodido de todo el Noreste, el que recibe apenas un par de llamadas en toda la semana. ¡Mi madre, quiere contestarlo sin soltar las bolsas! ¡Hazlo, hazlo! ¡Toma, pendejo! Claro, se le resbaló. Y la cosa apenas tocó el suelo y saltó en pedacitos.

¿Por qué no se van a comerciales? Que mal sentido del timing, ahora hay que cortar, ¿qué más puede hacer? Gooosh! Trata de unir las piezas. Ahora sí, ya dejó las bolsas en cualquier lado. Ya para qué. ¡Mi vida! No encuentra una parte. ¡Y la busca por el piso! Y todos miran. Sí, todos, todos.

Jo. Además, hoy tiene un compromiso, y mañana temprano otro más. Y no podrá comunicarse con nadie. La verdad es que este programa ya lo conozco, me sé de memoria lo que sigue: va a pedir un café para rumiar su mal genio, pedirá la factura cuando ya se la han dado al pagar y luego no encontrará taxi. La verdad que es algo predecible, lo cual es malo para cualquier sitcom. Deberían meter nuevos personajes, que alguien se case, una cosa de ésas. Que se case alguien más, claro, a éste no lo levanta ni una viuda urgida.

Aburrido. Veré si en otro canal están dando Frasier.



...




Sí, murió mi teléfono. Y con él mi despertador. Mi reloj. Y mi directorio. Hagan el favor de enviarme sus números. Life's a bitch. And she ain't my bitch.

no compre virtudes, hágalas ud. mismo



La virtud es tan necesaria para nuestros corazones que si una vez abandonamos la verdadera no tardamos en hacernos otra a nuestra manera y le prestamos una adhesión tanto mayor cuanto que ha sido escogida libremente por nosotros.

La nueva Eloísa (1761).

aguaviva

1. La tarde del miércoles, camino a casa, compré un número de A Fine Mess, serie que recopila los comics noventeros de Matt Madden (el esposo de Jessica "La Perdida" Abel). Al salir de la tienda lo eché al portafolios y no volví a pensar en él hasta el día siguiente.

2. Por la noche asistí a una función a puerta cerrada de A puerta cerrada, la obra de Sartre que se desarrolla en el infierno. Veinte de público, encerrados con los actores en una habitación de paredes desconchadas, sin una sola ventana abierta y en pleno verano. El actor que personificaba a Garcín incluso llevaba un saco grueso, que terminó empapado de sudor. Rescatemos una de las escenas: Estela mira hacia la Tierra y recuerda que uno de sus amantes la llamaba "mi aguaviva". Más adelante Inés trató de enamorarla llamándola igual.

3. Mañana del jueves en el Instituto. Alguien imprimió y olvidó un artículo titulado Aquavit/Akvavit. El akvavit (del latín aqua vitae, agua de vida) es una bebida destilada de origen nórdico. Nunca antes había sabido de ella.

4. La tarde del jueves leí A Fine Mess. Al igual que en la antología de los primeros comics de Tomine, uno de los relatos es sobre una chaqueta de piel. Como en el de Tomine, la chaqueta cambia el aspecto y la actitud del que la porta y arruina una amistad. Pero la historia que ocupa más espacio es "Night of the Grossinator", sobre un chico que está por cambiarse de ciudad y organiza una juerga para despedirse de sus amigos. En la página 18, el protagonista y una mujer sostienen esta conversación:

-Aquawhat?
-Akvavit.
-Sounds like aftershave.
-It says it's made with caraway seeds.
-Well, tastes like rye bread.

contra la pared (fatih akin, 2004)


Cahit Tomruk es un turco que reside en Alemania. Ya no es joven. Tuvo una esposa. Por lo que todavía puede distinguirse de su cuarto, también tuvo música, gustos y motivos. En el momento en que inicia la película ya no hay nada de eso, así que Cahit sale del bar, aborda su coche y lo estampa contra un muro. Todo lo que consigue es que le pongan un collarín y lo metan a una clínica para suicidas.

Sibel quiere comerse el mundo, pero de la casa de su familia sólo podría salir casada. O muerta. Así que se abre las venas y termina en el mismo sanatorio que Cahit. Un médico pasa lista a los pacientes. Cuando ella escucha el apellido de él, sin dudarlo se le acerca para decir: "¿También eres turco? Cásate conmigo". Y así lo hacen. Se supone que es una sociedad de conveniencia, cada uno conseguirá ahí lo que necesita para sobrevivir, nada de amor, sexo o similares. Claro que si ya vieron la foto de Sibel Kekilli sabrán que Cahit acabó enamorado. Y Contra la pared (Gegen die Wand) no es precisamente una comedia romántica.

Es una de mis películas favoritas del año pasado. Lo habitual es que les preste el disco o les busque una copia, pero esta vez no he podido conseguirla. Y tampoco podré verla por segunda vez, sólo me queda recomendarles que vayan mañana a la Cineteca, único día. Aquí está el trailer, que la verdad le hace poca justicia, comenzando porque no usa la música original: al inicio de cada capítulo una banda turca toca junto al Bósforo, y Cahit es fan de Siouxsie y The Birthday Party. Ahora que lo pienso, él mismo parece una especie de Blixa Bargeld venido a menos.

una posesión

Las personas tenían solamente un libro, y nada más, ni televisión ni otras diversiones, así que leían muy cuidadosamente varias veces el mismo libro. El número de lectores era alto, y muy atento. Era la única fuente de conocimiento sobre el mundo. Usted tiene que entender esto en la tradición literaria rusa, y los rusos son grandes lectores, es también la tradición oriental de aprender de memoria, tanto poesía como prosa. Ésta es la relación más íntima entre la literatura y sus lectores: ellos tratan el texto como una parte de ellos mismos, como una posesión.
Ryszard Kapuscinski.

cfr.  La última escena de Fahrenheit 451 (Truffaut, 1966).






las manos de refugio

México D.F. a 24 de julio de 2006

Los que suscriben, designados como jurado por el Instituto Coahuilense de Cultura para el Concurso Nacional de Cuento “Creaturas de la Noche 2006”, convocado por esta instancia, hemos decidido por unanimidad otorgar el premio único e indivisible al cuento "Las manos de Refugio", firmado con el pseudónimo Lord Machen von Haupstein, debido al novedoso acercamiento al tema del horror, a su económica elegancia narrativa y certero manejo del lenguaje.

Atentamente,

Norma Lazo, Alberto Chimal y Bernardo Fernández

www.icocult.gob.mx



Este Lord Machen no es otro que nuestro encomiable, aglutinante y pestífero Sr. Magnánimo, alias Hurón, alias Yasmín Santiago. El cuento que envió la D. Doménech recibió una mención honorífica, así que en algunos meses tendremos a este par en un mismo libro (ahora sí, debidamente empastado, no las fotocopias cosidas de sus días en la Emilio).

En septiembre acompañaremos al mustélido a Saltillo, para que recoja su recompensa. Parece que su plan, pueril e irresponsable, es gastar el botín en la manutención de su cría (la lectora de Persépolis que conocieron la semana pasada), en lugar de invertirlo en el esparcimiento de los Señores Oportuno, Sensato y Sagaz. Trataremos de hacerlo entrar en razón.