2/05/2019

nada prueba que eso fuese una desgracia

...parece que en una sociedad igualitaria desaparecería la urbanidad, no, como se cree, porque faltase la educación, sino porque en los unos desaparecería la deferencia debida al prestigio que debe ser imaginario para ser eficaz, y, sobre todo, en los otros, la amabilidad que se prodiga y afina cuando se siente que tiene para el que la recibe un valor infinito, que en un mundo fundado en la igualdad se reduciría súbitamente a nada, como todo lo que no tuviera más valor que el fiduciario. Pero esta desaparición de la cortesía en una sociedad nueva no es segura, y a veces estamos excesivamente dispuestos a creer que las condiciones actuales de un estado de cosas son las únicas posibles del mismo. Espíritus muy honrados han creído que una República no podría tener diplomacia y alianzas, y que la clase campesina no toleraría la separación de la Iglesia y del Estado. Después de todo, la cortesía en una sociedad no igualitaria no sería un milagro mayor que el buen éxito de los ferrocarriles y que la utilización militar del aeroplano. Además, aun cuando la cortesía desapareciera, nada prueba que eso fuese una desgracia. Al fin y al cabo, ¿no se iría jerarquizando secretamente una sociedad a medida que fuese de hecho más democrática? Es harto posible. El poderío político de los papas ha crecido mucho desde que ya no tienen ni Estados ni ejércitos; las catedrales ejercían un prestigio mucho menor sobre un devoto del siglo XVII que sobre un ateo del xx, y de haber sido la princesa de Parma soberana de un Estado, sin duda hubiera tenido yo la idea de hablar de ella tanto, aproximadamente, como de un presidente de la República; es decir, ni poco ni mucho.
Marcel Proust, El mundo de Guermantes.

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