cuarteto para gato pisado, hipo, alarma de vw y estallamiento de vísceras bovinas

Era 1997. Valeria y yo hacíamos volantes de festivales ficticios y catálogos editoriales igualmente ficticios. Estas cosas aparecían firmadas por la asociación Murmujú A.C. Aquí "murmujú" aparece sin tilde por algún problema tipográfico, porque siempre ha llevado tilde. No puedo recordar si éste lo repartimos en un encuentro de estudiantes de filosofía en Puebla o en los pasillos de la UANL en San Nicolás de los Garza. De otros volantes recuerdo que la dirección de Murmujú estaba en la avenida Eugenio Garza Sade y que teníamos a la venta todo Star Wars de Georg Lukács.

La descripción que aparece en la parte superior derecha dice lo siguiente:
Murmujú es todo. Murmujú es los otros. Murmujú es el entrenador de las fuerzas básicas de los Tigres de la UANL (temporada 77-78) que gustaba de escupir al público. Murmujú es Kim Deal cocinando para el tercer batallón de artilleros bávaros. Murmujú es tus parientes muertos bailando danzón en el Kalinoba. Murmujú es la mamá de los pollitos.

el bote con patas

Si hay algo que siempre haya deseado, más que hablar lenguas angélicas o poseer la ciencia de todas las cosas, más que la vida bienaventurada o un amor en cada puerto, si hay algo que quiera más que cualquiera de esas cosas es tener un bote con patas.

Si algún día me conceden este único deseo, le enseñaría a mi bote con patas a marchar con paso de ganso, después a trotar como percherón de desfile; luego le colocaría sensores térmicos, de esos que vienen en cajitas verdes, envueltos en burbujas de plástico para evitar que se rompan durante el trayecto desde la maquiladora que los ensambla en algún lugar de la frontera. Ya con los sensores térmicos en su sitio, sintonizaría mi bote con patas en la misma frecuencia que los receptores que llevo bajo la piel, para poder sentir los climas y caminos por los que se ande paseando el bote, en lugar de este triste ambiente desértico en el que habito.

Si lo piensan un poco descubrirán las virtudes de este método. Uno no puede usar un walkman y escuchar clase al mismo tiempo. Y ver una película mientras se conduce en hora pico tiene consecuencias funestas (si lo sabré yo, que ya tengo un brazo menos que el hombre promedio). En cambio, uno puede atender numerosas tareas y al mismo tiempo sentir con una piel trashumante que vaga muy lejos de nuestro cuerpo: ya podría buscarme el empleo más tedioso del mundo, que no lo sentiría, con mi pellejo dándose la buena vida en el malecón de algún puerto sin necesidad de que me aparte del escritorio.

Lo único malo de los botes con patas es que no entienden cuando se acaba el juego. Cuando esté medio metro bajo tierra (los sepultureros son cada vez más flojos), el bote, desde las antípodas, seguirá enviando señales a mi piel amarillenta y estriada. Las sensaciones estarán ahí, aunque ya no haya cabeza para reconocerlas y nombrarlas. Será como aquel cuento del cácaro que, en tiempos de guerra, seguía proyectando películas a una sala vacía para que el proyector no juntara moho por el desuso.

decon/recon

Paula Temple hacía techno para consumo propio. Chris McCormack la conoció en un foro de internet y la convenció de publicar lo que hacía. Poco después John Peel y Jeff Mills tocaban esa música. Tan bueno fue el arranque que ella lo celebró dejando la carrera: los siguientes años los dedicó a proyectos comunitarios en Leeds. Fue echada, a traición, de la organización que había fundado y quiso saber si, diez años después, el mundo seguía interesado en el techno. El mundo le respondió que sí. En realidad el mundo ahora estaba interesado en todo y en cualquier cosa, siempre que supieras dónde y cómo presentarla.

Paula dejó Leeds por Berlín y creó su sello. Le preguntaron qué ideas tenía para este sello y ella dijo que A Cyborg Manifesto de Donna Haraway era importante en su ideario. Ese ensayo que examina a la humanidad usando al cyborg como mapa. Un cyborg que no teme existir "con identidades parciales y adoptando puntos de vista contradictorios". Eso dice el manifiesto de Haraway. "Damos prioridad a cuerpos e identidades hechas invisibles a pesar de su talento". Eso dice el manifiesto de Paula.

Ahora viaja con un supergrupo llamado Decon/Recon. Deconstruir y reconstruir. La alineación actual es la que grabó el EP Decon/Recon #1 (Noise Manifesto, 2015) y no se repetirá en próximas entregas. El término “supergrupo” lo estoy tomando de la tradición rockista, que no de la música electrónica. Llamamos así al grupo formado por músicos que ya eran conocidos con otras bandas. Pero Decon/Recon aspira a disolver la identidad de cada integrante. En esos tracks no debe quedar claro qué viene de cada parte. Más wikigrupo que supergrupo.

Reúnen sonidos en una carpeta. Cada uno toma de la carpeta y hace un track completo con eso. Los tracks no llevan autor individual, sólo se entiende que salieron de Decon/Recon. Ahí están, además de Paula, la británica Planningtorock, el sueco Olof Dreijer y la francesa rRoxymore. Es decir, hay dos que alguna vez colaboraron con The Knife y uno que formó parte de ese grupo. El EP es interesante pero no se compara con lo que consiguen en vivo.

Llenan una mesa larga con cacharrería digital. A ocho manos sueltan sonidos que los demás deben retomar, arropar y devolver para seguir el proceso. Ocurre al momento pero también es historia actualizada. Ya suena a lo que Sheffield aprendió del sonido de Düsseldorf. Ya suena a lo que Detroit aprendió de Sheffield. Ya suena a lo que Berlín aprendió de Detroit. De pronto rRoxymore trae algo más antiguo, de músicas de mediados del siglo XX. De pronto Planningtorock toma el micrófono y produce una voz andrógina del pop futuro. Se toma a tragos rápidos un destilado de décadas.

Esta gente está usando sus alias menos conocidos, para separar estas presentaciones de su trabajo previo. Los carteles de sus presentaciones en México hicieron, sin querer, mucho más por desdibujar su pasado. En los festivales Mutek y Cervantino se anunció una noche de electrónica alemana. Berlín es la base de operaciones, pero nadie del sello es originario de Alemania. Mucho más misterioso fue el cartel de la presentación en Monterrey. Sólo tenía los nombres de Paula Temple y el sello Noise Manifesto (y Lena Willikens, que canceló). Ni sus viejos alias, ni sus nuevos alias. Tampoco el nombre Decon/Recon. Así el Café Iguana de Monterrey tuvo su primer cartel que no decía por ningún lado el nombre del acto principal. Mira, tú: son las identidades parciales y contradictorias de Haraway.