3/15/2010

las palmeras que florecen una vez en cien años

En sus consultas no vacilaba en comprar en los mercados de Kalenic y Zeleni Venac algo de sabiduría de los campesinos, perplejos ante ese excéntrico que daba una moneda nueva de plata por cada palabra que no había escuchado nunca antes. Lo último le ganó fama, y empezaron a detenerlo en la calle o llegar a la puerta de su casa en Gran Vracar, es decir Zvezdara, para ofrecerle arcaísmos, localismos, diminutivos, neologismos, sinónimos, cualquier tipo de locuciones raras e incluso expresiones de argot. Los compraba indistintamente, aunque no los necesitara de inmediato. Con frecuencia, Zlatana se veía obligada a dispersar a esa bandada ahí reunida, decidida a aprovecharse de la pasión de Anastas.

—Señorito, ha llegado un marinero. Dice que está dispuesto a contarle, por un precio módico, sobre las palmeras que florecen una vez en cien años. Vio dos de ellas en 1897 o 1898 en una costa. ¿Le digo que se vaya? Calculo que, aun si dice la verdad, tendríamos que esperar más de sesenta años... —El ama de llaves intentaba poner un poco de orden en todo eso.

—No, no, tráigalo aquí. La palmera es el símbolo de la gracia divina, de la resurrección y de la victoria sobre la muerte... Sólo habría que ver con Bossard qué parte del jardín sería la más apropiada para plantarlas.

Goran Petrovic, La mano de la buena fortuna.

No hay comentarios.: