otras casas de otros gatos

Irene ya me había contado que cuando las personas salimos al trabajo y la escuela los gatos se ocupan de sus tareas de gato, pero no le había preguntado a dónde iban. Ayer me contó que van a su casita de gatos.

Una casita de gatos se parece a un castillo, explicó mi sobrina, pero los cuartos son muy pequeños, tamaño gato. Cuando ya va a ser hora de que los personas regresen a casa, los felinos también dejan sus casas de gato para ir a pasar la noche en la casa de las personas.

Lo que todavía no me ha dicho Irene es por qué dice que tiene dos gatos. Ella tiene una gatita, Juli, pero cuando me cuenta sobre las labores de los felinos suele referise a sus dos gatos. Le pregunté si el segundo gato era el que tienen sus abuelos y dijo que no, que era su otro gato. Uno que nunca he visto.

A su edad yo tenia un gatito imaginario. Se llamaba Sífur y podía hacer todo lo que yo no podía, como dejar la mesa sin acabar de comer, o quedarse viendo la tele hasta tarde.

we even use the same word

Mitsuko appeared with another pot of tea, and said something in Japanese. Chia found her ear-clip and put it on.
"You must have been exhausted," the ear-clip translated. Then Mitsuko said she was taking the day off from school, to be with Chia.
Chia decided to change the subject. "What's your brother like? How old is he?"
"Masahiko is seventeen," Mitsuko said. "He is a 'pathological-techno-fetishist-with-social-deficit'". This last all strung together like one word, indicating a concept that taxed the lexicon of the ear-clips. Chia wondered briefly if it would be worth running it trough her Sandbenders, whose translation functions updated automatically whenever she ported.
"A what?"
"Otaku," Mitsuko said carefully in Japanese. The translation burped its clumsy word string again.
"Oh," Chia said, "we have those. We even use the same word."

Idoru, William Gibson.

piano magic - ovations

Estos días he estado escuchando nuevas canciones con la voz de Brendan Perry. No se trata de un trabajo como solista, menos de un regreso de Dead Can Dance. Son parte de Ovations, el nuevo disco de Piano Magic.

Una de las gracias de Piano Magic ha sido su capacidad para adoptar diferentes estilos. Esto fue más evidente en Disaffected (2005), lo tocabas y si la gente alrededor no lo conocía, podía pensar que se trataba de varios grupos. Uno que hacía synthpop, uno de rock, uno más siniestro y otro de folk.

Glen Johnson, el eje de la banda, decidió esquematizar las cosas durante 2006 y 2007. Creó el grupo Future Conditional para grabar We Don't Just Disappear, con canciones de electropop. Los discos de Piano Magic fueron divididos por género: el pop etéreo lo puso en el EP Incurable, el rock y el folk los dejó para el LP Part Monster. Con esos antecedentes no esperaba este Ovations.

Lo que me sorprende no es que a Glen le gustara Dead Can Dance. Incluso compartieron productor y disquera por un tiempo (Writers Without Home y la banda sonora de Son de Mar aparecieron en 4AD, en 2002 y 2001), pero incluso así son grupos de órbitas distintas. Dead Can Dance, además de contar con voces magníficas, fueron grandes arqueólogos de tradiciones musicales, la auténtica World Music.

Brendan Perry además trajo a uno de sus secuaces, el percusionista Peter Ulrich. Los invitaron a bordo y acabaron secuestrando la nave: en "The Nightmare Goes On", "March of the Atheists" y "You Never Loved This City" Piano Magic suenan a unos improbables Dead Can Dance del siglo XXI. El resto del álbum, aunque tire a post-punk, quedó impregnado de su participación.

Aclaremos que Ovations lo promocionan con una pequeña trampa. Tiene de primer sencillo "On Edge", canción acelerada por ritmos sintéticos que suena muy diferente a las demás y no es lo mejor del disco.

¿cuánto por la bruja?

En junio escribí en twitter que había visto un esqueleto en una venta de garage. El negocio prosperó y ahora es un bazar en toda regla, con muebles antiguos y trebejos curiosos. Hace una hora pasé por ahí a bordo de un ruta 17. El chofer detuvo el camión a media calle y le gritó al dueño del sitio "¿Cuánto por la bruja?". El dueño, que es la versión Colonia Independencia de Kevin Smith, salió para informarle que la botarga de bruja que exhiben a la entrada de la tienda cuesta $2500, y que además tenía una de Frankenstein al mismo precio. "Es que voy a correr una carrera, 42 kilómetros, y quiero ir disfrazado" explicó el chofer. "Es en diciembre". "A ver si la tenemos todavía, se me hace que se vende antes de Halloween" explicó el Silent Bob de la calle 16 de septiembre.

dos niños, muchos niños

1. El año pasado comentábamos aquí las diferentes reacciones de una sociedad cuando se le pide actuar en conjunto. Decíamos que cuando percibe una amenaza dispersa y sin responsables definidos, la respuesta tiende a ser dispersa. Cuando se responsabiliza directamente a un individuo o un grupo de individuos, la sociedad tiende a cerrar filas para enfrentarlos, así sea en el nivel de la simple adhesión moral.

2. El jueves, por la mañana, la atención de todos estaba en una bebé que había sido robada de un hospital y un niño que supuestamente se había ido volando en globo. Ambos casos atraparon miradas y generaron tensión en poco tiempo. En cuanto se sabe que hay crías en peligro, reaccionamos como una eficiente manada en alerta.

Pero así como preferimos enemigos con nombre y rostro definidos, también preferimos, sin notarlo, a víctimas con nombre y rostro definidos. Los mexicanos que estábamos la mañana de jueves al pendiente de esas historias, somos los mismos que a diario despertamos en un país donde 3 de cada 10 niños padecen desnutrición. Eso no parece quitarnos el sueño. Son una muchedumbre, una abstracción hecha de millones de nombres. Nos es más difícil sentir que ahí tenemos una emergencia.

towers growing at night

"It´s so strange. You know? Since the quake."
"But they've built it all back now. Haven't they?"
"Sure, but they did it all so fast, mostly with that nanotech, that just grows. Eddie got in there before the dust had settled. Told me you could see those towers growing at night. Rooms up top like a honeycomb, and walls just sealing themselves over, one after another. Said it was like watching a candle melt, but in reverse. That's too scary, doesn't make a sound."

William Gibson, Idoru.

pizza y yogurt

Hace años, cuando Juan Ángel estaba por irse a Xalapa, le comenté que yo recordaba sobre todo dos cosas de esa ciudad: la niebla cerrada que no deja ver nada por las noches y los negocios donde se vendía pizza y yogurt. Cuando él llegó allá dijo que de la niebla había desaparecido en los últimos años (del mismo modo que en Monterrey cada vez tenemos una temporada de frío más corta) pero que los expendios de pizza y yogurt seguían ahí.

No quiero decir que entre muchos otros productos vendieran esos dos. Eran locales pequeños, casi siempre un simple cuarto, donde no se vendía nada más que pizza casera y botes de un litro de yogurt. La idea no era que comieras eso al mismo tiempo, mucho menos que bañaras la pizza de yogurt. Sencillamente eso era lo que se vendía en tales locales.

Eso lo ví hacia 1999 y no había encontrado una explicación hasta anoche. Por motivos de trabajo estaba leyendo un manual de análisis sensorial para restaurantes, desarrollado por dos doctores cubanos. Cuando hablan de los patrones de consumo de alimentos ponen un ejemplo de su país: cómo el gobierno introdujo el hábito de consumir pizza y yogurt. Y parece que sí, que en los setenta (los años del subsidio de la Unión Soviética) se promovió precisamente el consumo de esos dos productos. ¿Un cubano introdujo esa combinación a Veracruz? ¿Quizá un jarocho que pasó un tiempo en la isla? No sería la primera influencia de la isla sobre las costumbres veracruzanas.