2/22/2008

las víctimas

1. Hace un mes hablábamos aquí sobre comediantes. Las secuelas de aquella nota fueron varias pláticas con amigos sobre lo cómico.

2. Lo de David es el teatro, pero hace tres años preparó un programa para Radio UANL, en el que aparecía “El Noticreo”. Era una especie de “Weekend Update” (el sketch noticioso de Saturday Night Live), creado a partir de notas locales. “No importa cuánto público tengas, o de qué tipo sea, hay que tener claro de quién se vale reírse” explicaba David. Una regla no escrita es que no vale reírse de las víctimas. Si la broma parte de un acontecimiento real, puedes hacer escarnio del hecho y de las soluciones inadecuadas, pero difícilmente de la víctima. Es una manera vulgar de pasar por original o irreverente. “Pero hay una regla más general: es válido reír del que intenta verte la cara, y hay supuestas víctimas que lo hacen”. No que traten de verte la cara a ti, específicamente, pero sí que tratan de pasar por víctimas ante los medios y la opinión pública.

3. Por esos días un hombre de la localidad perdió dos dedos por andar acariciando a un tigre. El tigre venía con un circo, se encontraba descansando en su jaula cuando el hombre metió la mano entre los barrotes para tocar su pelaje. Nadie va a poner en duda que un tigre, incluso uno sucio y enjaulado, es una vista majestuosa. Pero ese mismo aspecto imponente nos avisa que el animal no puede ser abordado a la ligera. Aunque nunca en tu vida hubieras visto uno, si te presentan algo grande, anaranjado, con garras y fauces, no te le acercas.

Con todo y la imprudencia cometida, no apetece hacer broma de la víctima. El caso es que el drama de este individuo con el tigre acabó formando parte del Noticreo. No por su imprudencia, sino porque al día siguiente se presentó a demandar al circo: por ponerle un tigre delante. Y eso ya es un asunto muy distinto. Se parece a argumentos del tipo “la violé porque siempre llevaba minifalda” o “tuvimos que detenerlo, parecía sospechoso”. La mayor parte de ese Noticreo consistió en recordarle al afectado reglas elementales, como no salir a pasear cuando hay huracán, ni tirarse a una alberca sin agua.

Aclaremos que la demanda no prosperó, y el circo llegó a un acuerdo en el que sólo debía cubrir los gastos médicos, que de todos modos ya estaban incluidos en su seguro.

4. En Locura y democracia, Dany-Robert Dufour cita dos casos similares, acontecidos en los Estados Unidos, con un desenlace muy distinto:

…se trata de una dama de treinta años que una tarde se encuentra muy deprimida; tras recurrir al teléfono y a otros medios habituales, no encuentra más consolación que la acostumbrada botella de whisky. Bebe más de lo debido, al grado que se termina la botella; pero olvidé decirle lo principal: la dama está embarazada. Y bien, como usted sabe, hay ciertas contraindicaciones entre el estado de futura madre y el consumo de alcohol… En resumen, al día siguiente la dama aborta; está furiosa de haber perdido a su bebé, llama a su abogado quien le pide que vaya inmediatamente a su oficina; al salir de allí la dama ha iniciado una demanda contra el fabricante de whisky: ¿acaso éste no omitió indicar en la botella que el consumo de alcohol no es aconsejable en lo absoluto para mujeres embarazadas? El litigio se lleva a cabo y la demandante consigue finalmente la suma colosal que exigía al fabricante de whisky por homicidio involuntario. (p. 155)

Se trata de un señor que tiene un perro al que adora; un día, después de una salida al campo el pequeño Droopy regresa cubierto de lodo. El propietario del perro lo lava y, como el animal empieza a temblar de un modo que le parte el alma, obedece sólo a la voz de su corazón y lo mete a secar dos minutos… en el microondas. Ya se imaginará lo que sigue, tan pronto como está en la máquina el animal sufre una implosión; el espectáculo es terrible y el hombre queda aterrado: él no sabía; la cólera lo domina, descuelga el teléfono, hace una cita con su abogado, interpone un litigio con el fabricante de hornos que no había indicado en el instructivo que el aparato no era adecuado para secar perritos y gana una exorbitante suma de dinero que lo indemniza por la pérdida de su fiel amigo. (p. 158)


La intención de Dufour al presentar estos ejemplos es demostrar que en una sociedad donde toda autoridad y referente ha caído en desuso (o se le obedece sin convicción), cada quién se considera libre de responsabilidad, incluso de la responsabilidad de pensar y decidir por cuenta propia. Una psicosis generalizada y por lo tanto ordinaria. El “inocente hasta que se demuestre lo contrario” se transforma en “todos somos víctimas, hasta que un jurado falle en nuestra contra”. O falle a nuestro favor, caso en el que se deja de ser víctima para convertirse en un nuevo rico.

5. Nunca faltará quién quiera demandar al dueño del tigre, o al fabricante de hornos. A lo que habrá que prestar atención, cada que aparezca una de estas víctimas profesionales, es a la reacción que produce el caso, y su desenlace. Si es considerado una ofensa a la inteligencia de los demás, o algo de plano cómico, es que nuestra sociedad aspira a algún rumbo. Si no, ya estamos todos invitados a tomar el té con el Sombrerero y la Liebre de Marzo.

6. Las citas de Dufour son de la edición hecha por el Fondo de Cultura Económica (México, 2002).Y antes de que algún felino se ofenda y demande por lo aquí escrito, aclaremos que hay excepciones.

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