2/01/2008

el público, no la pantalla

1. La CAXA (Central de Autobuses de Xalapa) tenía diferentes niveles y salas, pero básicamente era un gran rectángulo bañado por luz blanca. Parado en el centro podías observar sus dos extremos, y a todos los pasajeros que miraban televisión en las salas de espera. Muchos estudiantes y familias en primera clase, oficinistas, parejas y algunos burócratas en la “clase ejecutiva”, y las infaltables tropas de campesinos de los 400 Pueblos, que periódicamente eran acarreadas a manifestaciones en autobuses de segunda clase. En una mañana promedio tenías frente a tus ojos, en un mismo espacio, veracruzanos de todas las edades y procedencias.

Trabajé en CAXA durante el año 2000.Una de esas mañanas en que la estación estaba atestada, apareció en pantalla aquel anuncio donde Francisco Labastida se quejaba ante los electores del apodo que Vicente Fox le había endilgado, “La vestida”. La intención inocente de su equipo de campaña era que los televidentes compadecieran al ofendido, pero en cuanto el spot mostró a Fox diciendo el chistorete, todos los pasajeros de CAXA rieron. Los jóvenes y los ancianos, los campesinos y los burócratas. En ese momento podrían haber suspendido su trabajo Gallup y María de las Heras: si Fox había conseguido que rieran con él, en un Veracruz tradicionalmente priista, ya había un resultado preliminar para esas elecciones. Eventualmente la gente dejaría de reír con él y comenzaría a reír de él, pero esa es otra historia.

2. En la película de Jean-Pierre Jeunet, Amélie visitaba los cines no para ver la película, sino a los espectadores: sus expresiones mientras se sucedían las acciones en la pantalla. Cuarenta años antes Gore Vidal escribió algo parecido con respecto al teatro:

…como de costumbre, estuve más atento al público que a la obra. Como dicen los físicos, no hay acción sin reacción. No puedo pensar en ninguna razón de peso para escribir sobre las producciones de los teatros, a menos que uno escriba también sobre el público. La obra afecta al público, que es la sociedad actual. El público reacciona y en su reacción uno puede enterarse de sus supersticiones y prejuicios. El teatro puede ser revelador. De hecho, desearía que los sociólogos pasaran más tiempo en el teatro y menos haciendo encuestas y trazando gráficas. El público que va a ver Tea and Sympathy o Auntie Mame les diría más acerca de cómo vivimos ahora que un recorrido casa por casa desde Morristown hasta White Plains armados de lapiz y papel.
“Bernard Shaw’s Heartbreak House” (1959)


3. Cuando se estrenó en nuestras pantallas Across the Universe la descarté inmediatamente. Por experiencias anteriores, una película de Julie Taymor no se le deseo a nadie. Después vinieron las reseñas y los comentarios de amigos, algunos a favor, otros en contra. El único que me hizo arrepentirme de no haberla visto lo consiguió con este argumento: “no ves que es pura música de los Beatles, el asunto no es la película, tienes que ver al público”.

Espero que no sea demasiado tarde para verla en cine. Y les recomiendo esta práctica, que no puede ni debe ser constante, pero si se sigue con moderación les dirá mucho sobre la gente que los rodea. Y no es sólo un ejercicio sociológico portátil, sino que es bastante disfrutable.

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