12/03/2007

promesas de mundos

Cuando, en el tropel de materiales que la percepción se encarga de trasladar desde la experiencia hasta nosotros, un detalle, y sólo ése, aflora entre el magma de la totalidad y, escapando a todo control, llega a herir la superficie de nuestra automática ausencia de atención. Generalmente, no hay razón para que instantes como ése acaezcan y, sin embargo, acaecen, encendiendo repentinamente en nosotros una emoción inusitada. Son como promesas. Como destellos de promesas.

Prometen mundos.

Se diría -articuló el profesor Martens en la lección no. 14- que ciertas epifanías de objetos escapados a la equivalente insignificancia de lo real son minusculas troneras a través de las cuales es posible intuir la plenitud de mundos. De mundos... No hay en ninguna mujer toda la mujer que hay en un tacón de aguja perdido en la calle: y, si esto es cierto, la autenticidad sería entonces una metrópoli subterránea perceptible por el destello de troneras minúsculas que la anuncian, objetos-luminiscencias tallados en la superficie blindada de lo real, llamaradas que son anunciación y atajo, señal y puerta -desarticuló el profesor Martens en su lección no. 14. Añadiendo: y que nadie me venga ahora con la magdalena de Proust. Nos hemos encadenado a esa imagen obscenamente doméstica, burguesa, hogareña, se ha neutralizado en ella el ardor de las verdaderas troneras, reducidas a fenómenos insignificantes en sí mismos de memoria involuntaria y, quién sabrá por qué, reveladora. Echados sobre el diván del médico hemos malbaratados los destellos epifánicos del subsuelo como regurgitaciones deprimentes de subconsciencias personales e individuales, los hemos entregado a una cura consoladora, como si fueran cálculos renales, que hay que drenar y expulsar en la micción de los recuerdos, los recuerdos, la memoria, diuresis del alma, imperdonalbe cobardía.

Baricco, City


Más que Martens debería llamarse Profesor Mamerts (¿"regurgitaciones deprimentes de subconciencias"? ¡Cáaalmese mi Ciorán!) pero ahí trae la idea el ñor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Barrico, tú ???

Nicolás Díaz dijo...

Sip, lo están leyendo los Gatos Pardos, y me lo prestaron. Apenas así :P