11/29/2007

historias de fumadores


1. Redonda es una pequeña isla del Caribe, un peñasco en el que sólo sobreviven las cabras de monte. Su tamaño e inutilidad no le han impedido tener varios soberanos: el autor de ciencia ficción y fantasía M.P. Shiell (Rey Felipe), el poeta John Gawsworth (Juan I), John Wynne Tyson (Juan II) y el novelista Javier Marías (Xavier I), por no mencionar a otros tres que disputan el título a Marías. A mediados de este año parecía que Redonda incluso tendría una embajada en Southampton (Inglaterra), la cual estaría ubicada en un bar.

No es que Redonda tenga muchos asuntos diplomáticos en Southampton, es sólo que Robert Beech (dueño del pub Wellington Arms) pensaba librarse así de las leyes antitabaco británicas. Si el sitio era declarado embajada, sería legalmente territorio extranjero, por lo que sus clientes podrían acompañar sus libaciones de un buen cigarro sin tener conflictos con la autoridad local. Beech presentó la propuesta en junio de este año, y al parecer no había ningún problema con el carácter irreal del Reino de Redonda, pero como la isla es parte de Antigua y Barbuda carece del derecho para tener una representación diplomática independiente de la de esa nación.

Beech abandonó el sueño de poseer el único bar del Reino Unido con permiso para fumadores. Actualmente, quien desee echarse un cigarrillo en el Wellington Arms debe hacerlo en el jardín. Si les ha interesado la historia de Redonda, además de una búsqueda en Google, se recomienda la lectura de las novelas Todas las almas y Negra espalda del tiempo, donde Javier Marías cuenta una historia de la que él mismo terminó siendo parte.

2. “A veces lo más inteligente es hacerse el tonto”. “Para encontrarme tengo que perderme”. “Ser feliz me hace llorar”. Eran algunos de los lemas de la campaña “Disfruta tus contradicciones”, pagada por la marca española Nobel en 2003. Con las restricciones impuestas a la publicidad de las tabacaleras, y una creciente difusión de información sobre los peligros del tabaquismo, la agencia Targeting Link Thinkers disparó a quemarropa: “sí, sabes que fumar es pernicioso pero igual lo haces, y no es la única práctica contradictoria que sigues”.

Al final, las cifras decían que Nobel no le había arrebatado clientes a la competencia, pero logró conservar su porcentaje de consumidores antes y después del reforzamiento de las leyes antitabaco. Se supone que esos mensajes funcionaban no porque aportaran una certeza (desmentir los riesgos del tabaco, comprobar que su marca era menos nociva), sino porque daban una palmadita en la espalda del fumador, consolándolo. Adormeciendo la ansiedad nacida de saberse en el mal camino y no hacer lo suficiente para remediar el asunto.

3. ¿No sería, más bien, que el porcentaje de consumidores no varió porque tanto la campaña antitabaco como la pagada por Nobel tuvieron un efecto nulo? ¿Quién en estos días siente una genuina ansiedad por esas contradicciones? La gente acompaña las hamburguesas con refrescos light, se declara católica pero tiene sexo premarital, escucha por la radio noticias sobre el calentamiento global mientras el escape de su vehículo contribuye a dicho calentamiento, etc. Aquello de “disfruta tus contradicciones” termina en calidad de perogrullada. ¿Quién pide perdón o permiso por sus contradicciones? Ni siquiera son percibidas como tales por la mayoría.

Recordé estas dos historias a propósito de la Ley General para el Control de Tabaco, promovida en días pasados por los diputados de nuestro país. Y porque en este momento estoy buscando algún pequeño reino insular dispuesto a tener por embajada a un conocido bar regiomontano. Se aceptan sugerencias.

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