8/06/2007

entre memín y tintín


1. Hay veracruzanos de ascendencia africana que niegan sus raíces. A esa conclusión llegó un investigador estadounidense que había viajado al Golfo para preparar un estudio sociológico. Para su traductora, que es la amiga que me refirió la anécdota, aquella gente no parecía negar su pasado, sencillamente no se veían a sí mismos como un grupo aparte. El investigador interpretó la información desde la óptica de su cultura, no la del lugar. Tenemos problemas de discriminación, pero no van por ese rumbo.

2. Por eso recibimos con incredulidad el Memín-gate de hace dos años, cuando Jesse Jackson criticó la emisión de sellos postales con la figura de Memín Pingüín por considerarlo una imagen racista. La respuesta oficial fue tibia: no hacía falta subrayar los elementos moralistas de Memín, recordar que había nacido en un contexto cultural diferente al estadounidense debería haber bastado.

3. Teniendo el antecedente de Memín, recibí las recientes críticas a Tintín en el Congo con escepticismo. Este año se cumple el centenario de Georges Remi, el escritor y dibujante belga que firmaba como Hergé la aventuras de Tintín, un imprescindible del cómic europeo. Con motivo de ese aniversario una editorial británica decidió reeditar Tintin en el Congo. La Commission for Racial Equality consideró racista la caracterización de los africanos en el cómic y solicitó que fuera retirado de los estantes de Borders, cadena de librerías con sucursales en el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Mi primera impresión fue que se trataba de otro exceso de corrección política.

Fue una entrada en el blog de Stuart Ewen lo que me sacó del error: en 1931, cuando apareció por primera vez el libro, el Congo todavía era colonia belga y el padre Norbert Wallez, editor del joven Hergé, había aconsejado al autor crear una historia que “educara a los belgas en los valores del colonialismo”. En ese contexto, el cuento de un adolescente que visita el Congo y en unos días de convierte en rey de una aldea por ser “bueno y blanco” difícilmente podría ser considerado inocente.

4. Borders decidió que el libro se vendería, pero en la sección de comics para adultos. En la opinión de Ewen (autor de Stereotype & Society) esa decisión es más sospechosa que la publicación del cómic que, a fin de cuentas, es un documento histórico: equivaldría a reconocer el racismo como un placer culpable pero aceptado.

Hay alguna exageración en sus palabras. No estoy seguro de que la sección de comics para adultos exista para esconder placeres culpables. Esta ahí porque es difícil que a un menor le interese la obra de Harvey Pekar o Jessica Abel. De todos modos, que las únicas respuestas imaginables para estas situaciones sean la censura o la restricción habla mal de la capacidad de la civilización actual para lidiar con su pasado.

5. Incapaz de lidiar con su pasado y con su presente. Mientras se ha hecho un escándalo en torno a Tintín en el Congo, poco se dijo sobre la inoportuna adaptación cinematográfica de 300: una película sobre una potencia occidental de atléticos guerreros luchando contra persas monstruosos no puede ser inocente en estos días. La novela gráfica tenía como aval el genio narrativo de Frank Miller, la adaptación fue una película de temporada con fines propagandísticos que, desgraciadamente, pasaron desapercibidos para la mayoría de los espectadores.

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