2/02/2007

conductores

El chofer del camión hizo una seña al Sr. Sagaz, dando a entender que no estaba en servicio, que esa ancianita que llevaba como única pasajera era quizá su amante, su madre camino de la iglesia o una secuestradora que, cañón en mano, le había ordenado "para el monte, y no hagas preguntas". Así que nuestro amigo bajó el brazo y esperó el siguiente camión.

El vehículo frenó veinte metros más adelante. La ancianita bajó y dijo "ven, súbete". El Sr. Sagaz abordó la unidad y extendió una moneda al conductor, que manejaba con una mano, pues en la diestra llevaba un tamal a medio comer. El tipo no tomó la moneda y volvió a hablar con señas, dándole a entender que pasara así, sin pagar. Ya en el centro de la ciudad, el Sagaz bajó sin saber porqué primero no, porqué luego sí y porqué al final gratis.

...

Eso fue en la mañana. Por la tarde, rumbo al banco, se detuvo en una esquina para dejar pasar un coche. La conductora lo miró a los ojos y le sonrió. "Hola, hola". El Sr. Sagaz le devolvió el saludo y continuó su camino, sin tener idea de quién era la mujer.

...

Ya en la noche esperó a la puerta del instituto a que la Santa de Ávila pasara por él. Jo, uno cumpañero de trabajo, abordaba un taxi.

-¿No vienes?, voy rumbo al centro, a recoger unas cosas para el evento de hoy.
-Gracias, pero van a pasar por mi.

Lo siguiente que el Sr. Sagaz escuchó fue la indicación que Jo hizo al taxista: "...entre Porfirio Díaz y Vallarta". Es decir, las cosas que Jo recogería estaban en la zona donde el Sr. Sagaz vivía el año pasado.

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