12/14/2006

el accidente total

1. El sábado 2 de diciembre apareció en Babelia una entrevista con el hispanista británico (hay gente para todo) John H. Elliott, a propósito de la publicación de su nuevo libro, Imperios del mundo atlántico. El entrevistador sacó a cuento el espíritu protestante, como lo concibe Weber, y su papel en la consolidación del capitalismo. Elliott lo hizo a un lado con una respuesta de lo más simple: la industrialización, más que del espíritu protestante, dependió de la riqueza de las minas de carbón. Inglaterra las tenía, los otros no. Punto.

Aquí es donde Weber se revuelca en su tumba y la ideología se va a chingar su madre.

2. El siguiente jueves, una noche helada, con llovizna y en la que había al menos tres inauguraciones más, una amiga del Sr. Sagaz presentó sus cuadros en el Gargas. Como al final sólo asistieron amigos, nadie habló de artistas, tendencias y demás chismorreo arty. En lugar de eso, se habló de la generación espontánea. La autora de los cuadros concluyó su comentario así: después de todo, no eran sus ideas preconcebidas y sus prejuicios, entre aquellos hombres de ciencia era la calidad del microscopio que podían pagarse lo que decidía las interpretaciones.

Es decir, aquí es donde Kuhn y Foucault se revuelcan en su tumba y la ideología se va a chingar su madre.

3. Hasta hoy el Sr. Sagaz relacionó ambos comentarios (recuerden que lo de Sagaz no va en serio). Se le antoja todo espantosamente accidental y azaroso. No son tus planes, ni la velocidad del coche que estuvo a punto de atropellarte, tampoco la agilidad de tus piernas, es la marca de tenis que compraste la que decidirá el agarre de tus pies al suelo y puede salvarte. Y cuando los escogiste no pensabas en eso, sólo te gustó el color. No son la dieta ni las horas de ejercicio, no pueden ser. Las ancianas de su familia fumaban, comían mal, y fueron longevas. Su padre bebía demasiado y hoy su hígado está intacto. Es algo más sobre lo que no tienes control. Quizá lo mejor es que sepas que no tienes control y no desear tenerlo y disfrutar no tenerlo.

6 comentarios:

sr oportuno dijo...

Mmmhhh... no sé. En México tenemos mucho petróleo y en lugar de usarlo para mover maquinotas lo exportamos. De hecho es una maldición de la historia: si un país tiene recursos naturales en exceso lo primero que se les ocurre a los políticos es vender la materia prima, en lugar de usarla.

Quizás lo chido de la realidad es que en un evento dado no hay una causa, sino muchas. No nada más los buenos tenis te salvan de un atropello, sino también todo lo demás que mencionas: la velocidad del coche y la agilidad de las piernas, y hasta más: el hecho de que desayunaste bien esa mañana, pues con ello ganaste energía para mover las piernas ágilmente; la reunión que cancelaste la noche anterior, pues de esa manera dormiste temprano y te levantaste a tiempo para desayunar; la inesperada llegada a la ciudad de unos parientes de la persona con la que te ibas a encontrar la noche anterior y que fue lo que motivó que esa persona cancelara la cita; el inopinado golpe de suerte que hizo al tío Policarpio ganarse un premio pequeño de la lotería y que fue lo que acabó por decidirlo a cruzar media República para aparecerse de manera inesperada, con toda su familia, en la casa de la persona con quien tenías una cita; el hecho de que el tío se acercó a un puesto de lotería y compró el billete cuyo número se parece -ni siquiera es idéntico, sólo se parece- al número de matrícula que uso durante el servicio militar, número que por cierto le fue asignado por turno, pues si hubiera llegado a registrarse unos minutos antes o unos minutos después le habría correspondido otro número. Así que lo que te salvó del atropello es que el tío Policarpio (alguien a quien no conoces, a quien ni siquiera deberías conocer, que vive en otra ciudad) llegó en determinado momento a la oficina del ejército a darse de alta como conscripto, un día de diciembre de hace 37 años. Pero esto es absurdo. ¿Cómo hablar ahí de causa, si no existe una relación esencial ni significativa entre los asuntos de ese señor y tus propios asuntos? Se antoja todo -sí- espantosamente accidental y azaroso.

Nicolás dijo...

¡Síii!

El Sr. Sagaz existe gracias a la Guerra Cristera y a que un señor zacatecano dejó el Seminario. Y creo recordar que en sus ancestros, Sr. Oportuno, hay un bebito expósito. Si le preguntaran a Dios qué hacemos aquí diría "este, pues, ahorita checo los registros, creo que sí tenían un motivo... ahora verás, ¿dónde lo deje?".

sr oportuno dijo...

Mi bisabuelo paterno fue robado de una hacienda. Probable hijo de una familia de terratenientes, acabó alcohólico y pobre. Ni siquiera se apellidaba Tinajero; ése era el apellido de la familia que lo recogió. Mi padre jura que el bebé era hermano de Plutarco Elías Calles (las fechas al parecer coinciden, la familia de don Plutarco era terrateniente y sufrieron una revuelta de peones justo en esa época, en la misma región del norte de México, suceso tras del cual perdieron a un hijo del que no se supo nunca nada), pero de éso se me hace que ni Dios tiene registros.

sr oportuno dijo...

Claro que mi padre jura muchas cosas: que los chistes del gobierno de Zedillo los difundía un equipo de sociólogos contratados por el mismo gobierno para distender en plan de broma la crisis social; que la CIA ordenó los ataques del 2001; que el gobierno de México está infiltrado por una mafia de homosexuales que intercambian puestos por favores sexuales (y si le preguntas hasta te dice quiénes son, dónde operan y cuáles son los puestos que han ganado de esa manera), etc., etc., etc...

Nicolás dijo...

Lo de Zedillo es más que probable. De seguro había también un movimiento de resistencia, que era el que redactaba los chistes tan malos que decía Zedillo (¿te acuerdas, en su último año?), para acabar de amolar su imagen.

Supongo que se los hacían llegar en sueños o por cadenas de mail.

Diana dijo...

Pues yo soy mexicana porque tres señoras metieron a mi abuelo en el primer barco que saliera de España, para evitar que fuese muerto.

Qué cosas.

Igualmente, el que yo volviera con el G y el consecuente nacimiento de Helena fueron provocados por un movimiento que iba en dirección totalmente opuesta a los resultados.

Yo creo que esas cosas del azar funcionan tan bien como un engranaje bien aceitado. Es decir, uno sólo se hace la ilusión de que el azar existe.

Es como creer en la reencarnación, ¿no? breves consuelos cuando a uno le da por pensar un poco de más.