4/29/2005

bandera

La noche del lunes, luego del insomnio dominical, también estaba batallando para dormir. Decidí dejar de intentarlo y ponerme a leer, para terminar de una vez el libro de Frankl. Y di con esta cita:

La intención paradójica también puede aplicarse en casos de trastorno del sueño. El temor al insomnio da por resultado una hiperintención de quedarse dormido que, a su vez, incapacita al paciente para conseguirlo. Para vencer este temor especial, yo suelo aconsejar al paciente que no intente dormir, sino que permanezca despierto cuanto le sea posible. En otras palabras, la hiperintención de quedarse dormido, nacida de la ansiedad anticipatoria de no poder conseguirlo, debe reemplazarse por la intención paradójica de no quedrse dormido, que pronto se verá seguida por el sueño.

Seguí leyendo, sin pensar en el insomnio, resignado a mantenerme despierto toda la noche. Debo haberme dormido unos diez minutos después de leer ese párrafo.

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A Damiana la conocí cuando estábamos de voluntarios en la Cumbre de 2002. Yo iba con dos de mis alumnos, ella era la única estudiante de prepa que había enviado la UANL. A sus quince años parecía no necesitar nada y haber alcanzado la serenidad que muchos no vamos a conseguir en toda la vida. Era buenísima para preguntar por cosas que uno no se cuestionaba (sobre todo en relación al carácter de uno) y se sabía poemas de Sabines de memoria. No teníamos ni una hora ahí y ya habíamos hecho migas. Así estuvimos los siguientes días; ya saben que estoy equipado con un chip anti-Humbert, así que no me malinterpretarán. No hicimos por mantenernos en contacto, sólo nos topábamos de repente en el centro. Ella siempre iba sola, todo lo hacía sola. Yo iba con mi novia, así que a veces Damiana sólo decía, a varios metros de distancia, "hola, profesor" (ni mis alumnos me decían profesor, yo era Nicolás).

Tenía como un año sin verla. Estaba el domingo entre el público de Quiero Club. Ahora debe tener 18, pero su expresión es exactamente la misma. De nuevo, sólo dijo "hola, profesor".

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Noche de jueves: fiesta de aniversario de la revista. El disco de Diorama se había quedado en el coche de Susana. Fui por él. Al cerrar el coche las luces de adentro seguían encendidas. "Así es, se apaga solo después de un rato". Camino a casa vi un coche del mismo modelo y color. De él bajaban dos viejitos. Él dijo "ya lo cerré, pero sigue prendida la luz de adentro". Ella dijo que así era, que se apagaba sola después de un rato.

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Una mezcla curiosa anoche en el bar. Gente de la facultad de antes, de la de ahora, conocidos de lugares muy distintos. En esta ciudad todos conocen a todos. Resulta que también trabajo con un compañero de agronomía de Xime. Debo ser el bouncer más raquítico de la historia. Cuando Sarina pagó su cóver me faltaron 10 pesos de su cambio. "Eh, cuidado, que soy buena en el boxeo" dijo. Pensé que jugaba, hoy la Faerie me mandó un mail: la mujer sí boxea.

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En la mañana Little Annie me mandó un mensaje: ya se rompió la bandera. El ventanal de las oficinas mira directamente al Obispado, así que bajé para presenciar el espectáculo. Nadie en la oficina había voletado, no lo habían notado: la franja verde de la bandera estaba hecha girones y ésta seguía ondeando. Pocas veces he lamanetado no tener una cámara a mano.

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