8/24/2004

millás, auster y los ladrones

Uno de los motivos por los que Los ladrones (Techiné, 1996) es una de mis películas favoritas (sólo la he visto dos veces, el mismo día, en el extinto Plaza Monterrey), es por la oportunidad que ofrece de observar un mismo acontecimiento desde diferentes ángulos.

El niño ha visto todo de cerca, pero le faltan muchas piezas para entender lo que está pasando. Tampoco sabe cómo reaccionar y no intenta hacerlo. Sólo percibe, y desde su altura todo parece terrible. El personaje de Daniel Auteuil, como de costumbre, ve todo a la distancia. Sabe quiénes han muerto, por qué, y quiénes siguen vivos y dónde. Pero no va a mover un dedo, no es asunto suyo. Juliette, aunque es una de las principales involucradas en el caso, ha escogido no saber, empezar de cero. Ni siquiera sabrá que el personaje de la Deneuve se ha matado por ella. Lo que ha registrado cada uno es tan diferente que es difícil considerarlo un mismo hecho.

Un juego parecido ocurre entre Fantasmas, de Paul Auster, y La soledad era esto, la novela de Millás que leí el sábado, de la cual dejé dos probaditas en el post anterior. En este caso se trata de dos obras distintas, ni siquiera son del mismo autor, pero la historia es esencialmente la misma, presentada desde puntos de vista diferentes. Aunque en ambos casos hay un narrador omnisciente, en Fantasmas vemos la historia desde la perspectiva del investigador que ha sido contratado para vigilar a alguien, sin conocer la identidad de su cliente ni el móvil de la investigación, aunque no podrá evitar involucrarse directamente en el caso. En la novela de Millás tenemos la misma situación desde la visión del cliente, que contrata a un investigador para vigilar a alguien sin revelar su identidad ni el móvil de la investigación. En ambos casos los informes se entregan de forma anónima en un apartado postal. En ambos casos el individuo bajo vigilancia escribe un diario. El móvil es idéntico (mencionarlo no arruina la lectura de La soledad era esto, pero sí la de Fantasmas, así que no diré nada más sobre el asunto). En cuanto a acontecimientos "objetivos" (whatever that means) ha pasado lo mismo, pero los resultados son muy distintos: la de Auster es una novela dura, sórdida, a la manera del cine de Lynch. La de Millás es dulce, se entretiene en la contemplación del cuerpo (sus males, sus obsesiones) y la memoria. Para colmo, ambas son muy buenas. Se recomienda leer primero Fantasmas.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Disiento: ¿Fantasmas = sórdido = Lynch? La simplicidad, con toda su inexactitud, es apabullante.

A Lynch le queda más el adjetivo de onírico. Lo que pasa es que algunos sueños (los más interesantes) suelen ser sórdidos. Faltaba mencionar este matiz. De otro modo, se pensaría que Lynch es como Oliver Stone y que sus películas son la variante metafísica de Kids o de Trainspotting.

La relación entre Fantasmas y Lynch no me queda clara. No la encuentro. Alguna vez tendrás que explicarla.

R León

Nicolás dijo...

Por eso es "sórdido, a la manera de Lynch", no sórdido a secas, o de manera gratuita, como pueden serlo Stone o Larry Clark.

Sobre la relación entre Auster y Lynch, aparte de lo obvio, que usan escenarios y personajes de novela negra pero que tienen la mira puesta en algo más interesante que simplemente resolver un caso, digamos que los motivos por los que contrataron a Mr. Blue serían más comunes en el mundo donde viven Dick Laurent y Frank Booth (Lost Highway, Blue Velvet).

Anónimo dijo...

Ahora entiendo.

Redacción posible, para evitar confusiones y no piensen que tienes un gusto carlosmonsivaisesco por el realismo ramplón: "La de Auster es una novela poblada por personajes sórdidos, como los de Lynch, cuyas acciones van más allá de lo convencional en una historia policiaca". O algo similar. Fin del asunto.

En el Blockbuster de Fresnos, del que tenemos credencial el Hurón y yo, están en el mismo estante, para rentar, Blue Velvet y Videodrome. Cuando quieras vamos por las dos y las vemos seguidas: será una tarde de cine muy extraña.

R

Nicolás dijo...

Ya estás. Y que el Engendro se lleve "Scanners".
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